{"id":28,"date":"2012-09-13T10:33:02","date_gmt":"2012-09-13T10:33:02","guid":{"rendered":"https:\/\/webs.uab.cat\/marta-tafalla\/los-animales-y-el-circulo-de-la-moral-2006\/"},"modified":"2012-09-13T10:33:02","modified_gmt":"2012-09-13T10:33:02","slug":"los-animales-y-el-circulo-de-la-moral-2006","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/webs.uab.cat\/marta-tafalla\/los-animales-y-el-circulo-de-la-moral-2006\/","title":{"rendered":"Los animales y el c\u00edrculo de la moral (2006)"},"content":{"rendered":"<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>CONFERENCIA PRONUNCIADA EN LAS <em>JORNADAS SOBRE CIUDADAN\u00cdA, \u00c9TICA Y BIENESTAR ANIMAL<\/em>, ORGANIZADAS POR LA OFICINA VERDE EUROPEA, EN EL COLEGIO MAYOR RECTOR PESET DE LA UNIVERSIDAD DE VALENCIA, EN NOVIEMBRE DE 2006.<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>1<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp; &nbsp;En este art\u00edculo voy a plantearles un problema filos\u00f3fico. Es un problema que todos ustedes se han planteado, a buen seguro, en muchas ocasiones, y del que los fil\u00f3sofos se llevan ocupando desde los or\u00edgenes mismos de la filosof\u00eda. Si logr\u00e1ramos comprender bien este problema, y solucionarlo, muchas de las injusticias que tienen lugar en nuestro mundo desaparecer\u00edan.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp; &nbsp;El problema filos\u00f3fico al que me refiero es el siguiente. Desde que el homo sapiens sapiens existe en este planeta, en todas las \u00e9pocas y en todas las culturas se da una clase de personas, afortunadamente pocas, cuyo comportamiento hacia los dem\u00e1s est\u00e1 dirigido exclusivamente por el m\u00e1s puro ego\u00edsmo; personas que consideran a todos los seres humanos y a todos los seres vivos meros instrumentos a su servicio, a los que usan y de los que abusan a su antojo, a los que dominan, explotan, maltratan y destruyen. Son personas capaces de hacer da\u00f1o a cualquiera que se cruce en su camino, ya sea para conseguir sus objetivos o por simple placer, sin que despu\u00e9s los perturbe el menor remordimiento. Tales sujetos son a veces criminales, mercenarios en alg\u00fan ej\u00e9rcito, pero tambi\u00e9n pueden ser nuestros vecinos, gente de apariencia normal, de la calle, que son sistem\u00e1ticamente malos amigos, padres tir\u00e1nicos, p\u00e9simos compa\u00f1eros de trabajo.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp; &nbsp;Existe otra clase de personas, tambi\u00e9n escasa, que tiene el comportamiento contrario: intentan ser justas, o incluso m\u00e1s a\u00fan, intentan ser buenas y generosas con todo aqu\u00e9l que se encuentran a lo largo de su vida. Se esfuerzan por ser buenos padres o madres de familia, fieles amigos, compa\u00f1eros en los que confiar, vecinos amables, ciudadanos responsables, ecologistas convencidos, rescatadores de animales abandonados. Son personas que se alegran con las alegr\u00edas de los dem\u00e1s y a las que entristecen los problemas ajenos, para los que siempre est\u00e1n dispuestos a ayudar en la b\u00fasqueda de una soluci\u00f3n.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp; &nbsp;Estas dos clases de personas, ambas minoritarias, se sit\u00faan en los dos extremos del espectro. Entre estas dos clases nos encontramos todos los dem\u00e1s, la mayor\u00eda de nosotros, la inmensa mayor\u00eda de los homo sapiens sapiens que se vienen sucediendo en este planeta desde hace ciento cincuenta mil a\u00f1os.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp; &nbsp;Lo que nos define moralmente a esta amplia mayor\u00eda, es que tenemos un comportamiento contradictorio, parad\u00f3jico: con algunas personas y a menudo tambi\u00e9n con algunos animales somos justos y buenos, nos preocupamos por ellos, los protegemos, los cuidamos si est\u00e1n enfermos, mantenemos las promesas que les hemos hecho, pero en cambio, al mismo tiempo, y sin que nuestra identidad se desmorone o nuestra racionalidad se derrumbe ante tama\u00f1a contradicci\u00f3n, podemos ser injustos, crueles, viles y despiadados con el resto de seres que pueblan el planeta. Podemos comprar para nuestros hijos juguetes fabricados por ni\u00f1os en condiciones de esclavitud, podemos comprar productos de belleza que han costado el sufrimiento y la muerte a miles de animales, desentendernos de la m\u00e1s que probable extinci\u00f3n de 15.000 especies o despreciar a un \u00c1frica que d\u00eda tras d\u00eda se hunde un poco m\u00e1s en el abismo del olvido. Y ser a la vez el doctor Jekyll y Mister Hide en nuestra vida cotidiana ni nos quita el sue\u00f1o por las noches ni nos hace pensar siquiera que tenemos un grave problema.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp; &nbsp;Y \u00e9ste es el problema filos\u00f3fico que quiero plantearles hoy aqu\u00ed: \u00bfc\u00f3mo puede una misma persona cuidar de sus hijos con toda dedicaci\u00f3n, conmoverse por el sufrimiento de un amigo, donar parte de su sueldo a m\u00e9dicos sin fronteras, y a la vez, tolerar el dolor m\u00e1s atroz de otros, o incluso despreciar a esos otros que sufren, o incluso alegrarse por ello?<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp; &nbsp;Esa contradicci\u00f3n se da en una variedad infinita de formas y grados, y encontrar\u00edamos los ejemplos m\u00e1s diversos. Cada persona tiene su c\u00edrculo moral: los que pertenecen a \u00e9l son los suyos, aquellos que le preocupan y a los que est\u00e1 dispuesto a cuidar. Los que se encuentran fuera de ese c\u00edrculo, en cambio, no merecen la menor atenci\u00f3n, o a\u00fan peor, son tan despreciables que se merecen ser explotados, esclavizados y destruidos. Esos c\u00edrculos pueden ser de muchos tipos y de muchos tama\u00f1os, y cada cual tiene sus criterios para decidir qui\u00e9n est\u00e1 dentro y qui\u00e9n fuera. Para muchas personas pertenecen a su c\u00edrculo los miembros de su naci\u00f3n o su raza, y el inmenso resto de la humanidad no tiene la menor oportunidad de entrar. En la Alemania nazi, un ciudadano alem\u00e1n pod\u00eda ser un buen padre de familia, excelente vecino, y trabajar en un campo de concentraci\u00f3n maltratando sistem\u00e1ticamente a los prisioneros. En nuestra sociedad actual, un m\u00e9dico puede dedicar seis d\u00edas a la semana a salvar vidas de pacientes cuya suerte le conmueve, puede ser pacifista y progresista, un marido sincero y un padre comprensivo, incluso encari\u00f1arse con los perros de sus hijos, y al mismo tiempo, cada ma\u00f1ana de domingo, coger la escopeta con sus amigos y salir a cazar.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp; &nbsp;Existen infinitos casos y pueden ser muy distintos, pero la contradicci\u00f3n es la misma en todos ellos. \u00bfC\u00f3mo es posible ser a la vez justo e injusto? \u00bfC\u00f3mo es posible ser por la ma\u00f1ana un amigo comprensivo y a las cinco de la tarde convertirse en un torturador de toros? \u00bfPor qu\u00e9 nos afecta el sufrimiento de algunos seres hasta rompernos el coraz\u00f3n, y en cambio el dolor de otros nos deja fr\u00edos, lo olvidamos al instante, o incluso disfrutamos con \u00e9l? \u00bfNo es como si nuestra capacidad moral sufriera una terrible esquizofrenia? Tenemos un abismo en nuestro interior que separa lo mejor y lo peor de nosotros, y en cada uno de nuestros d\u00edas somos capaces de saltar alegremente de uno a otro lado sin percibir la profundidad de nuestro vac\u00edo.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp; &nbsp; Este es el gran problema de la filosof\u00eda moral. Las personas que aceptan el maltrato de animales en la industria de alimentaci\u00f3n, en la experimentaci\u00f3n o en las fiestas populares, o las personas que lo practican ellas mismas o que disfrutan con ello, no son seres malvados de los pies a la cabeza. Saben lo que es la justicia, la bondad y la responsabilidad, y las practican con otros. Pero no son capaces de incluir a esos animales en su c\u00edrculo moral. Igual que los racistas o los sexistas no incluyen a algunas personas.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp; &nbsp;Esto tambi\u00e9n nos permite ver algo importante. La cuesti\u00f3n moral de la protecci\u00f3n de los animales no es una cuesti\u00f3n secundaria, marginal para la filosof\u00eda o para la sociedad. Sino que los problemas filos\u00f3ficos que implica son los mismos de la filosof\u00eda moral en general. Que maltratemos a animales se parece mucho a que maltratemos humanos. La raz\u00f3n de que lo hagamos es exactamente la misma.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp; &nbsp;Los fil\u00f3sofos han desarrollado teor\u00edas muy complejas para resolver el problema del c\u00edrculo moral, pero no les voy a hablar de ninguno de ellos, porque creo que la mejor explicaci\u00f3n de este fen\u00f3meno no la dio un fil\u00f3sofo, sino un naturalista: Charles Darwin. <\/p>\n<p><strong>2<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp; &nbsp;No s\u00e9 si han le\u00eddo a Darwin. No suele formar parte de los planes de estudio de ninguna asignatura, ni en la educaci\u00f3n secundaria ni en la universitaria. La comunidad cient\u00edfica considera correcta su teor\u00eda de la evoluci\u00f3n y contin\u00faa trabajando en ella; toda persona culta sabe que las especies no fueron creadas tal como hoy las conocemos, sino que son el resultado de un proceso evolutivo; sabe que todas las especies est\u00e1n emparentadas y comparten un mismo origen, y que eso incluye nuestra propia especie. Pero la mayor\u00eda&nbsp; jam\u00e1s ha le\u00eddo los textos de Darwin ni sabe con exactitud qu\u00e9 es lo que dicen. Y esa ignorancia resulta sorprendente, dado que Darwin fue el primer cient\u00edfico capaz de responder a la pregunta \u00bfde d\u00f3nde venimos? Parece que ese ser\u00eda un motivo para que la obra de Darwin encabezara todas las listas de lecturas, y sin embargo no es as\u00ed. Probablemente, la gente no tiene el menor inter\u00e9s en saber de d\u00f3nde venimos, o prefiere positivamente no saberlo.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp; &nbsp;Y si la mayor\u00eda de personas desconocen la teor\u00eda cient\u00edfica de Darwin, menos saben a\u00fan que, una vez Darwin hubo formulado esa teor\u00eda cient\u00edfica, publicada en el libro <em>El origen de las especies<\/em> el a\u00f1o 1859, se ocup\u00f3 de pensar las implicaciones morales de su descubrimiento y de formular una filosof\u00eda moral. Darwin dedic\u00f3 mucho tiempo a leer a los grandes fil\u00f3sofos morales, sobre todo a Hume y a Kant, y a formular su propia teor\u00eda moral. La public\u00f3 en 1871 en un libro que lleva por t\u00edtulo <em>El origen del hombre<\/em>, y que deber\u00eda ser de lectura obligada en todas las escuelas.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp; &nbsp;Es en ese libro donde Darwin propuso la expresi\u00f3n que yo he venido usando hasta ahora del c\u00edrculo de la moral, y donde nos ofreci\u00f3 una explicaci\u00f3n de por qu\u00e9 nuestras actitudes morales est\u00e1n encerradas en un c\u00edrculo, y se basan en a qui\u00e9n incluimos y a qui\u00e9n excluimos. La explicaci\u00f3n de Darwin, sintetizada, es la siguiente. La moral no es algo eterno, existente por s\u00ed mismo, que ya existiera en este planeta antes de la llegada de los seres humanos. La moral tal como nosotros la entendemos, la bondad, la justicia, todo eso naci\u00f3 con la especie humana, es un producto evolutivo, se desarroll\u00f3 como se desarrollaron nuestras manos, nuestra posici\u00f3n erguida, la inteligencia o el lenguaje. Se desarroll\u00f3 como una estrategia de supervivencia, una forma de vivir y de convivir mejor.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp; &nbsp;La moral humana se desarroll\u00f3 cuando el ser humano todav\u00eda estaba emergiendo de la animalidad y convirti\u00e9ndose en lo que hoy es. Naci\u00f3 a la vez que se desarrollaba la inteligencia, el lenguaje, se aprend\u00eda a hacer instrumentos de caza, se decoraban las cuevas con pinturas o se enterraba a los muertos. Fue entonces cuando el ser humano comenz\u00f3 a desarrollar las nociones de justicia, responsabilidad, los sentimientos morales como la culpa y el perd\u00f3n, la simpat\u00eda o la compasi\u00f3n. Fue entonces cuando el ser humano aprendi\u00f3 a ser altruista, a compartir la comida, a ayudar a los dem\u00e1s, a cuidar de los enfermos, adoptar ni\u00f1os hu\u00e9rfanos.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp; &nbsp;Pero en aquel momento en que naci\u00f3 la moral humana, los seres humanos viv\u00edan en tribus, en grupos familiares de entre 15 y 30 personas que compart\u00edan un mismo hogar, la actividad de la caza y la recolecci\u00f3n, y el cuidado de los hijos. Esas personas se ayudaban en todo porque eso hac\u00eda su vida m\u00e1s segura, m\u00e1s confortable y m\u00e1s placentera. Cada miembro de la tribu dar\u00eda su vida por los dem\u00e1s, cuidaba de ellos, les era fiel. En esa tribu entraba su familia, quiz\u00e1s tambi\u00e9n parientes lejanos, a veces otros humanos con los que no ten\u00eda v\u00ednculos de sangre pero con los que hab\u00eda creado una relaci\u00f3n de amistad. E incluso algunos animales de compa\u00f1\u00eda, perros, o alg\u00fan otro animal adoptado de cachorro. Pero su moral se acababa con los l\u00edmites de la tribu, ten\u00eda el mismo tama\u00f1o que su tribu. Quienes no formaban parte del grupo, del c\u00edrculo, pod\u00edan ser maltratados, torturados, esclavizados, sin que ello causara el menor remordimiento.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp; &nbsp;Dentro del c\u00edrculo se tejen fuertes lazos de responsabilidad moral. Cada cual se siente responsable de los otros, sabe que debe ayudarles si le necesitan. Sabe que tiene deberes hacia ellos, y que tambi\u00e9n tiene derechos frente a ellos. Firmes lazos de reciprocidad, de respeto mutuo, crean lo que llamamos una comunidad moral. De ese tejido se alimentan luego las normas de convivencia, las leyes, la instituci\u00f3n judicial. Naturalmente, un d\u00eda uno puede mentir o robar a un miembro de la tribu, pero eso suele despertar remordimientos, sentimientos de culpa y deseos de reconciliaci\u00f3n. En cambio, los seres que existen fuera del c\u00edrculo no nos despiertan el menor sentimiento moral; no son seres frente a los que tengamos responsabilidades, sino s\u00f3lo instrumentos que usar, esclavos que explotar.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp; &nbsp;Eso era as\u00ed para nuestros antepasados cazadores-recolectores, y los antrop\u00f3logos han podido comprobar que sigue siendo as\u00ed en las culturas de cazadores-recolectores que todav\u00eda sobreviven en algunos rincones del planeta. El origen de nuestra moral es tribal, y el problema es que cada uno de nosotros sigue pensando la moral en t\u00e9rminos tribales. Seguimos pensando en t\u00e9rminos de los nuestros y los otros, los que incluimos y los que excluimos.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp; &nbsp;As\u00ed pues, esa esquizofrenia moral en la que viven la mayor\u00eda de los seres humanos tendr\u00eda una explicaci\u00f3n natural, biol\u00f3gica. Pero que sea natural no quiere decir que sea insuperable. Al contrario, que conozcamos las ra\u00edces de nuestro problema nos ayudar\u00e1 a vencerlo. Darwin era optimista y cre\u00eda que exist\u00eda la posibilidad de un progreso moral, que las personas eran capaces de ampliar voluntariamente su c\u00edrculo moral. Y cre\u00eda que, de hecho, a lo largo de la historia de la humanidad se hab\u00eda producido un cierto progreso. Con la sucesi\u00f3n de las generaciones, muchos de esos c\u00edrculos morales se hab\u00edan ido ampliando m\u00e1s all\u00e1 de la tribu para acoger a muchos m\u00e1s seres. Se trata de un progreso lento y dif\u00edcil, pero Darwin cre\u00eda ver que exist\u00eda. Nuestra capacidad para la reflexi\u00f3n, la educaci\u00f3n, el cultivo de los sentimientos morales, el viajar, conocer a personas de otras culturas, ir\u00edan convenciendo a las personas, en cada generaci\u00f3n, de ampliar un poco m\u00e1s su c\u00edrculo moral.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp; &nbsp;En la historia de la humanidad, poco a poco, los l\u00edmites del c\u00edrculo se extendieron m\u00e1s all\u00e1 de la tribu para abrazar a una ciudad de miles de habitantes, a una naci\u00f3n con millones de miembros, o incluso a toda una raza, con miles de millones de personas dispersas en pa\u00edses distintos. En ese proceso de ampliaci\u00f3n, ha habido l\u00edmites muy dif\u00edciles de superar. La raza es uno de ellos. El sexo es otro. Hay un momento significativo en la historia de la humanidad: cuando en el siglo XVIII los colonos europeos fundaron los Estados Unidos de Am\u00e9rica, fueron los primeros en incluir una declaraci\u00f3n de derechos humanos en la fundaci\u00f3n de un Estado. Esos padres fundadores eran intelectuales y pol\u00edticos progresistas y tolerantes. Pero los derechos que se concedieron eran s\u00f3lo para los varones blancos de origen europeo y cierta posici\u00f3n social. Los pobladores nativos de Am\u00e9rica eran tratados como animales y se les regalaban mantas infectadas de viruela para que murieran. Los negros eran objeto de comercio y esclavos en las casas de los blancos. Las mujeres mera propiedad de sus maridos. Los animales salvajes, cazados y exterminados. Las grandes riquezas naturales de Norteam\u00e9rica, preservadas durante milenios por sus pobladores originales, comenzaron a ser destruidas.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp; &nbsp;Sin embargo, un siglo despu\u00e9s, Darwin era optimista. Muchas personas defend\u00edan ya la abolici\u00f3n de la esclavitud, algunas activistas por los derechos de las mujeres comenzaban a ser escuchadas, e incluso nac\u00eda una cierta conciencia ecol\u00f3gica. Darwin confiaba en que pronto toda la humanidad quedar\u00eda abrazada por un solo c\u00edrculo moral que nos unir\u00eda a todos, de forma que cualquier ciudadano de cualquier pa\u00eds del mundo, fuera de la raza, la naci\u00f3n o la religi\u00f3n que fuera, se sentir\u00eda afectado si cualquier otra persona era tratada de forma injusta o sufr\u00eda una gran desgracia.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp; &nbsp;La esperanza de Darwin pareci\u00f3 realizarse cuando el a\u00f1o 1948 la ONU promulg\u00f3 la <em>Declaraci\u00f3n Universal de los Derechos Humanos<\/em>. Muchas personas viven hoy creyendo firmemente en esa universalidad. Aunque basta con mirar un telediario para comprender que en la pr\u00e1ctica esos derechos no se respetan, al menos, podemos hablar de universalidad, y tenemos instrumentos para exigir el respeto de esos derechos.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp; &nbsp; Darwin cre\u00eda que, en un futuro pr\u00f3ximo, el c\u00edrculo unir\u00eda a toda la humanidad, y que una vez eso se hubiera conseguido, el progreso no se acabar\u00eda ah\u00ed. Sino que se ampliar\u00eda una vez m\u00e1s para acoger a todos los animales. Hasta que no quedara fuera ning\u00fan ser capaz de sentir dolor.<\/p>\n<p>\u201cA medida que el hombre avanza por la senda de la civilizaci\u00f3n, y que las tribus peque\u00f1as se re\u00fanen para formar comunidades m\u00e1s numerosas, la simple raz\u00f3n dicta a cada individuo que debe hacer extensivos sus instintos sociales y su simpat\u00eda a todos los que componen la misma naci\u00f3n, aunque personalmente no le sean conocidos. Una vez que se llegue a este punto, existe ya s\u00f3lo una barrera artificial que impida a su simpat\u00eda extenderse a todos los hombres de todas las naciones y de todas las razas. La experiencia viene a demostrarnos, desgraciadamente, cu\u00e1n largo tiempo transcurri\u00f3 antes de que mir\u00e1ramos como semejantes a los hombres que difieren considerablemente de nosotros por su aspecto exterior y por sus h\u00e1bitos. Una de las \u00faltimas adquisiciones morales parece ser la simpat\u00eda, extendi\u00e9ndose m\u00e1s all\u00e1 de los l\u00edmites de la humanidad. (&#8230;) Esta virtud, que es una de las m\u00e1s nobles que el hombre posee, parece tener su origen incidental en que nuestras simpat\u00edas, al hacerse m\u00e1s delicadas y extenderse por mayor esfera, alcanzan, por \u00faltimo, a todos los seres sensibles; pues una vez esta virtud es honrada y practicada por algunos pocos individuos, se esparce por la instrucci\u00f3n, por ejemplo, a los j\u00f3venes, y concluye por formar parte de la opini\u00f3n p\u00fablica.\u201d<\/p>\n<p>Cada vez que ese c\u00edrculo se ampl\u00eda para vencer un obst\u00e1culo, se producen las mismas reacciones de quienes est\u00e1n en contra de esa ampliaci\u00f3n. El racista que se niega a que las personas de color tengan los mismos derechos reacciona de la misma forma que el machista que no quiere que las mujeres puedan acceder al mismo puesto de trabajo. No quiere ser igualado al otro, al negro, al gitano, a la mujer. Lo que le sucede es que siempre se ha sentido superior al otro, siempre ha sentido que estaba legitimado a maltratar, usar, despreciar, al otro, y no puede soportar ser igualado. Teme perder un privilegio: el de su supuesta superioridad para despreciar y maltratar. <br \/>\u201cNo nos gusta considerar nuestros iguales a los animales que hemos convertido en nuestros esclavos.\u201d<\/p>\n<p>Quieren un c\u00edrculo lo m\u00e1s estrecho y reducido posible, como si la moral fuera un club privado para varones blancos europeos ricos, que entre s\u00ed se tratan con educaci\u00f3n y esmero, mientras fuman puros en elegantes salones, pero que cuando regresan a casa por la noche pegan a sus hijos, desprecian a sus esposas, violan a la criada, y le pegan una patada al perro. Quieren ser los \u00fanicos con derechos, y poder as\u00ed dominar a todos los dem\u00e1s. Por tanto, buscan a la desesperada razones contra esa ampliaci\u00f3n del c\u00edrculo. Se dice que el ind\u00edgena no es m\u00e1s que un animal, que las mujeres no tienen la misma inteligencia que los hombres, que los animales no tienen alma\u2026 se trata siempre de buscar una raz\u00f3n que permita justificar la superioridad de unos sobre otros, el dominio de unos sobre otros. <br \/>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>3<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp; &nbsp;\u00bfC\u00f3mo podemos ampliar ese c\u00edrculo?<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp; &nbsp;En primer lugar, tenemos buenas razones: sabemos que los animales sufren f\u00edsica y ps\u00edquicamente, y por ello deber\u00edamos evitar causarles dolor. Tambi\u00e9n sabemos que ser crueles con los animales nos entrena en la crueldad y a la larga nos hace crueles con los humanos, como defend\u00edan Tom\u00e1s de Aquino o Kant. Pero las razones, a\u00fan cuando las comprendamos, no siempre nos conmueven, no necesariamente nos llevan a actuar de acuerdo con ellas.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp; &nbsp;En segundo lugar, tenemos sentimientos morales: la simpat\u00eda hacia los otros, en la que se basa la optimista y vital filosof\u00eda moral de Hume, o la compasi\u00f3n, en la que se fundamenta la filosof\u00eda mucho m\u00e1s pesimista de Schopenhauer. Pero no todo el mundo posee en el mismo grado esos sentimientos, y cuando no surgen de forma natural necesitan ser educados y cultivados desde la infancia, lo que no resulta f\u00e1cil.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp; &nbsp;La filosof\u00eda lleva siglos intentando cultivar ambos caminos, dando buenas razones y tratando de educar los sentimientos morales. Pero el problema de la filosof\u00eda es que no suele llegar a muchas personas; su lenguaje es abstracto, dif\u00edcil. A la mayor\u00eda de las personas les preocupan los problemas filos\u00f3ficos y hacen reflexiones filos\u00f3ficas en muchos momentos de su vida. Pero les resulta dif\u00edcil acercarse a los profesionales de la filosof\u00eda, que suelen manejar un lenguaje tan t\u00e9cnico como el de los m\u00e9dicos o los abogados.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp; &nbsp;Ese es el dilema al que se enfrent\u00f3 un buen d\u00eda la fil\u00f3sofa Martha Nussbaum. Nussbaum es una excelente fil\u00f3sofa estadounidense, de origen jud\u00edo, mundialmente conocida por sus libros sobre filosof\u00eda moral, el desarrollo en el tercer mundo, o por sus colaboraciones con el economista Amartya Sen. Nussbaum fue contratada hace unos a\u00f1os por la facultad de derecho de la Universidad de Chicago con el encargo de que diera clases a sus estudiantes, es decir, a los futuros abogados, fiscales, jueces, pol\u00edticos, legisladores, y les ayudara a desarrollar razones y sentimientos morales que les hicieran ser m\u00e1s justos y sensibles en su trabajo. Esa es una gran oportunidad para un fil\u00f3sofo, poder formar a las futuras generaciones que van a tener poder para construir una sociedad m\u00e1s justa. Pero, \u00bfc\u00f3mo se les ense\u00f1a nociones de moral a j\u00f3venes de veinte a\u00f1os que est\u00e1n haciendo estudios dur\u00edsimos, que tal vez s\u00f3lo aspiran a tener un buen trabajo con un buen sueldo?<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp; &nbsp;Martha Nussbaum medit\u00f3 largamente sobre esa cuesti\u00f3n, y al final, se present\u00f3&nbsp; el primer d\u00eda a su clase de derecho sin llevar ni un solo libro de filosof\u00eda. En vez de eso, llevaba una novela de Charles Dickens. No les dio clases de filosof\u00eda, los puso a leer novelas. Sobre esa experiencia educativa escribi\u00f3 despu\u00e9s un magn\u00edfico librito titulado <em>Justicia Po\u00e9tica<\/em>, publicado en 1995.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp; &nbsp;\u00bfPor qu\u00e9 lo hizo? Porque el lenguaje abstracto de la filosof\u00eda s\u00f3lo le llega a la raz\u00f3n tras muchas horas de trabajo y tarda todav\u00eda mucho m\u00e1s en llegarle al coraz\u00f3n. Mientras que una buena novela, igual que una buena pel\u00edcula, nos captura al instante la raz\u00f3n y el coraz\u00f3n. La literatura nos abre la mente a un mundo nuevo, estimula nuestra imaginaci\u00f3n, nos ense\u00f1a a ponernos en situaciones completamente distintas a las nuestras, hacer el ejercicio de ponernos en el lugar del otro, comprender perspectivas diferentes, experimentar sentimientos que no hemos tenido todav\u00eda en nuestra vida. Con las novelas, los futuros abogados y jueces descubr\u00edan en los personajes de ficci\u00f3n qu\u00e9 siente una persona inocente que es condenada de forma injusta, qu\u00e9 siente una persona marginada por su raza o su religi\u00f3n. Les hace ponerse en su piel, conmoverse por su destino. Aunque esos personajes son irreales, son ficci\u00f3n, simulan individuos con nombre y apellidos, con un rostro.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp; &nbsp;Contar historias es tan antiguo como la moral. Nuestros antepasados cazadores-recolectores se contaban historias junto al fuego. Durante siglos, padres y abuelos han narrado a sus hijos cuentos y f\u00e1bulas. Hoy nos llegan a trav\u00e9s de los libros, y tambi\u00e9n de las pantallas de cine, de televisi\u00f3n o del ordenador. Los formatos cambian, pero contar historias sigue siendo lo mismo. La ficci\u00f3n tiene muchas funciones, divierte, ense\u00f1a a so\u00f1ar y a imaginar lo nunca visto, hace olvidar por un rato los problemas cotidianos, pero tambi\u00e9n es un laboratorio donde experimentar sentimientos, donde imaginar qu\u00e9 es el amor, la envidia, la injusticia, el dolor. La ficci\u00f3n educa a la vez a nuestra raz\u00f3n y a nuestro coraz\u00f3n. De este modo, las buenas historias son quienes pueden traernos la voz de aquellos a los que hemos dejado fuera del c\u00edrculo y hacernos comprender que sienten y sufren como nosotros y que no merecen nuestro olvido. Necesitamos literatura sobre animales y sobre la naturaleza. Necesitamos reunir todas las buenas historias que ya existen, desde cl\u00e1sicos como <em>Moby Dick<\/em> de Melville, hasta obras recientes como <em>Tombuct\u00fa<\/em>, de Paul Auster, <em>Gatos<\/em>, de Doris Lessing, <em>Desgracia<\/em>, de Coetzee, o <em>El hombre que<\/em> <em>susurraba a los caballos<\/em>, de Nicholas Evans, reunir todas esas obras y divulgarlas mucho m\u00e1s, conseguir que las lean los ni\u00f1os, los j\u00f3venes. Y m\u00e1s a\u00fan, escribir nuevas historias que narren los problemas de los animales y de la naturaleza en la sociedad de hoy. M\u00e1s all\u00e1 de las cifras o de los conceptos abstractos, necesitamos volver a contar historias. <\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; &nbsp; CONFERENCIA PRONUNCIADA EN LAS JORNADAS SOBRE CIUDADAN\u00cdA, \u00c9TICA Y BIENESTAR ANIMAL, ORGANIZADAS POR LA OFICINA VERDE EUROPEA, EN EL COLEGIO MAYOR RECTOR PESET DE LA UNIVERSIDAD DE VALENCIA, EN NOVIEMBRE DE 2006. &nbsp; 1 &nbsp;&nbsp; &nbsp;En este art\u00edculo voy a plantearles un problema filos\u00f3fico. 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