Bueneke, Monanga (2025). Cartel que anuncia la boda de Ndjee y Mesombo en el barrio de Comanda China, ciudad de Bata, Guinea Ecuatorial. [Fotografía]. Vídeo de YouTube https://youtu.be/JQ2kyLQW0aY?si=tlWEr9inz2r_lZfL

Ritual descrito y analizado por Eunice E. Elé-Bengono & Virginia Fons (2026).

Población ndowe, costa atlántica de Guinea Ecuatorial.

Resumen>

El ritual se refiere a una boda tradicional ndowe celebrada el 1 de febrero de 2025, que une Ndjee á Bueneke y Mesombo Makuba, en la ciudad de Bata de Guinea Ecuatorial, en el barrio de Comanda China, grabada por Monanga Bueneke, la hermana del novio. La grabación audiovisual es espléndida porque sigue todo el proceso ritual de la boda, reflejando perfectamente cómo se comportan las familias extensas del novio y de la novia, destellando la simbología implícita.

Categorías descriptivas>

Boda, llevarse a la novia, oposición patrigrupos, África central.

Descripción etnográfica>

La descripción etnográfica de la boda tradicional ndowe se ha basado en dos vídeos [Vídeo 1: https://youtu.be/JQ2kyLQW0aY?si=tlWEr9inz2r_lZfL] [Vídeo 2: https://youtu.be/uN5Cll7remQ?si=vnB0L0CMcXiWuOQd]. Solo a partir de ejemplos concretos, es posible captar todos los detalles que se desarrollan a lo largo del proceso ritual. Sobre todo, en el caso de las bodas ndowe que pueden variar mucho según siguen los preceptos tradicionales o cristianos.

La autora de estos vídeos, Monanga Bueneke, grabó la celebración de la boda de su hermano Ndjee con Mesombo en la ciudad de Bata de Guinea Ecuatorial, en el barrio de Comanda China, el sábado 1 de febrero del 2025. La define como una boda ndowe tradicional en la que se expresan vínculos de familia y de comunidad. La grabación va siguiendo todo el proceso ritual de la boda. Sólo omite las etapas introductorias de la pedida a la familia de la novia por parte del novio y la petición de la dote (de bienes) por parte de la familia de la mujer.

[Descripción del vídeo 1: https://youtu.be/JQ2kyLQW0aY?si=tlWEr9inz2r_lZfL]

A las 13:45 llega un vehículo al barrio de Comanda China con los familiares del novio, incluida la propia Monanga, y se detiene en un cruce donde un cartel anuncia la boda. Todos ellos están ataviados con una vestimenta, diseñada con una misma tela de tonos amarillos, que traza su parentesco con el novio y los distingue de la familia de la novia, identificada con un vestuario de tonalidad azulada. Algunas ramas de palmeras les guían hasta el lugar de la celebración. Incluso, el sonido de palmas y cantos les sirve como señal de que están cerca. Es una zona delimitada del espacio, separada por una barrera –una cuerda y una hoja de palmera en lo alto. En el lado opuesto de esta barrera se sitúan los familiares de la novia. Para hacerse notar, los parientes del hombre bailan y cantan al son del sonido de tambores y palmas de manos. La música se detiene cuando la familia de la mujer empieza a reclamarles un aporte específico debido a que la madre del novio no ha llegado a tiempo, lo que se considera una falta grave en el marco ritual. La petición consiste en una caja de cerveza (San Miguel) y 50.000 francos. Este ejemplo representa una excepción en la práctica ndowe. Habitualmente las barreras no se realizan con fines económicos. Su propósito principal es inaugurar la boda.

Bueneke, Monanga (2025). Barrera con cuerda y palmera, que traza la separación entre la familia de la novia y del novio. [Fotografía]. Vídeo de YouTube https://youtu.be/JQ2kyLQW0aY?si=tlWEr9inz2r_lZfL

A las 14:30, una vez concedidas las demandas, se abre la barrera. En realidad, se procede a destensar una cuerda que impedía el paso a la familia del novio. Es cuando, según los ndowe, empieza la boda. Se observa la familiaridad con la que se tratan ambos grupos de filiación. La animosidad y la rivalidad que se planteaba al principio, y que era teatralizada en honor a mantener la tradición, desaparece al abrirse la barrera y permite que estas familias, que ya se conocían, se saluden entre besos y abrazos. La familia del hombre se emplaza en el lugar de baile: una carpa decorada con hojas de palmera y rafia, con el suelo de tierra, donde deben quitarse los zapatos, como símbolo de respeto. Un espacio en el que la familia del hombre bailará hasta que la familia de la mujer decida empezar las negociaciones de la boda.

A las 14:45, los parientes del novio empiezan a cantar y bailar en círculo, en cuyo centro tocan los instrumentos de percusión. El círculo se mueve al ritmo de la música, en un baile con movimiento de hombros y cadera, además de pasos cortos para avanzar. Normalmente, son las mujeres que bailan, mientras que los hombres se encargan de la percusión. Conforme avanza el baile, acuden más parientes del novio. Hay relevos y quienes comenzaron a bailar ya no son los mismos que continúan a lo largo de la tarde y la noche, unas doce horas en las que la animosidad no cesa. Incluso, más hombres de la familia del novio se incorporan al círculo para bailar y animar los cánticos con frases cantadas que invitan a la participación del resto.

El baile con cánticos continúa hasta la madrugada, cuando la familia de la mujer decide iniciar las negociaciones matrimoniales a las 3:30. Los representantes de las dos familias se sientan alrededor de una mesa para hablar y negociar hasta las 4:45. Es la familia del hombre la que entrega la dote solicitada por la familia de la mujer: abundante bebida, comida (plátanos, cabras, patos, pescado fresco), ollas y electrodomésticos.

Bueneke, Monanga (2025). En plena noche, los representantes de las dos familias se sientan a hablar y negociar la dote. [Fotografía]. Vídeo de YouTube https://youtu.be/JQ2kyLQW0aY?si=tlWEr9inz2r_lZfL

Solo entonces, antes de que despunte el día, el novio realiza su entrada. Escoltado por su familia a ambos lados, está vestido con un traje blanco con motivos de mosindji (gineta que se define por su aspecto felino, pelo moteado y actividad nocturna). De hecho, se mueve como él, con ligeros movimientos de la cabeza que lo imitan, ligeras vibraciones desde los hombros hasta el torso, y pequeños pasos que, de manera sincopada, le permiten avanzar. Entra bailando, acompañado de canciones, palmas y el retumbo de instrumentos de percusión.

A continuación, dos mujeres con una tela blanca alrededor del torso, con algunos detalles azules en la parte baja, y un punteo blanco (de pembe) en un ojo, danzan como en el baile femenino del ivanga. Esta vez sin el sonido del faldón ekopi de cascabeles, pero moviendo sus nalgas de manera vibrante y deslizando sus pies en la tierra como si sobrevolaran el suelo. Al son de los cantos de las mujeres, entra la novia, vestida con un traje marrón claro, decorado con detalles de la misma tela que visten sus familiares, portando en la mano un abanico que le cubre el rostro, y en la otra una cesta de mimbre. Va acompañada de bailarinas que, al igual que ella, agitan sus nalgas con frenesí, deslizando sus pies por el suelo. Una de las bailarinas, deposita un taburete encima de la esterilla, invitando a que la novia baile encima, con el rostro cubierto por el abanico. El novio con movimientos del mosindji, sacudiendo los hombros con ligeras vibraciones, se le acerca hasta que ella retira su abanico, descubre su cara y se abrazan, vitoreados por las dos familias.

A las 5:45, cuando despunta el día y se oye cantar al gallo, el representante de la familia de la mujer bendice a la pareja, que se coloca frente a él, en pie. Lo hace pronunciando un discurso y ofreciendo un vaso de agua que simboliza la pureza y que, en este contexto, representa la pureza del amor que deben entregarse mutuamente. Él mismo bebe el agua, da de beber al representante de la familia del novio y, acto seguido, la novia se la ofrece al novio y él a ella. Se les solicita que beban hasta la última gota como acto simbólico para consumar la unión.

A las 6:00, la pareja acompañada de sus familiares, bailando y cantando, se dirigen a su nueva casa y gritan que “han robado a la mujer”. Sin embargo, ambos no convivirán hasta una semana o un mes más tarde, cuando la mujer regrese del umbombi, periodo de reposo en casa de su suegra (u otra parienta por parte del hombre) que la cuida.

Bueneke, Monanga (2025). Cuando despunta el día, la pareja se dirige a su nueva casa. En la imagen se puede ver al novio, junto con sus familiares distinguidos por la tela de tonos amarillos, que caminan cantando, festejando la unión. [Fotografía]. Vídeo de YouTube https://youtu.be/JQ2kyLQW0aY?si=tlWEr9inz2r_lZfL

[Descripción del vídeo 2: https://youtu.be/uN5Cll7remQ?si=vnB0L0CMcXiWuOQd].

La salida del reposo nupcial llamado ekudue à umbombi marca el momento en que la mujer acompañada de sus parientes entra en su nuevo hogar. Lleva puesto un vestido con la tela de la familia del novio. Allá la esperan los familiares del hombre que han preparado comida, unas diez ollas. La reciben con abrazos y cantos. Es un gesto de bienvenida y de integración definitiva en su nueva familia. Inspecciona su nueva casa, que debe estar limpia en representación de la pureza e inicio de una nueva etapa.

En el patio de la casa, la familia del hombre baila, especialmente moviendo los hombros al ritmo de los tambores y los cantos, y le ofrece regalos y dinero para su nuevo hogar. Su tocaya, de la que recibe su nuevo nombre de la familia del novio, le hace entrega de todos los utensilios propios de una mujer, acompañando cada objeto con explicaciones y consejos: una cesta grande (etondi/esajani), un colador para la yuca (eboka/esajani), una cuchara para el fufú (toko a fufú/ebebi), un machete (nkuala) y una azada para la finca (ibaku), una piedra plana (ekokoni/ilale dya ikoko) y otra redonda para moler (chili), un taburete (ididí), un mortero grande (eboka é tubué), un brasero de hierro para el fuego (ibandja/ikangala), una escobilla para barrer (esese). Bailan juntas, mientras su tocaya le ofrece también dinero. Finalmente, la familia del hombre dedica unas palabras de apoyo a los recién casados y el novio les agradece su implicación, reconociendo la ayuda de los ancestros. A partir de este instante, la mujer es considerada formalmente una mujer casada e integrada en la familia del esposo. Suena la música y ella baila en casa con su escobilla pequeña esese.

Al día siguiente, domingo, el espíritu del mekuyo baila hasta que cae la noche, para clausurar la boda. En esta ocasión, son varios bekuyo los que bailan de manera consecutiva. Uno a uno, a lo largo del atardecer, deslizan frenéticamente sus pies en la tierra, sobrevolándola incluso. Son espíritus adornados de rafia, con la piel de mosindji en el pecho, una máscara blanca en la cara, y un manojo de hojas de palmera en cada mano o, en algún baile, un árbol pequeño de ibito. En un momento clave del atardecer, uno de los mekuyo inicia a seis jóvenes, los toca con una rama de palmera y, colocándose encima de ellos, los convierte en mboni, hombres (mboni) que deberán proteger los secretos de la cultura ndowe con todas sus leyes. Más tarde, otro mekuyo, el más anciano –de 1927 y procedente del pueblo Punta Embonda–, sumerge un matojo de hojas en el agua, lo desliza por el cuerpo de la pareja, sentada frente a él, bendiciéndola en nombre de los ancestros y de los espíritus. Finalmente, la mujer baila brevemente con él para dar paso a que bailen más bekuyo hasta que cae la noche, cerrando así el ciclo marital.

Secuencia ritual>

Análisis ritual>

A través de la espléndida grabación audiovisual de Monanga Bueneke de la boda tradicional ndowe, uno se deja seducir por la fuerza de la unión entre dos familias extensas –patrigrupos, patrilineales y con residencia patrilocal–, la familia del novio y la de la mujer. Sin embargo, ello no es realmente así. Si analizamos en detalle lo que sucede a lo largo del proceso ritual, se observa más separación que unión.

Ya desde el primer momento (Tiempo 1), ambas familias están separadas por una barrera física. En esta primera fase, ambas teatralizan su rivalidad por la mujer: el llevarse a la novia por parte de la familia del novio. Especialmente, la familia que pierde a la mujer formula sus exigencias antes de dejar pasar a la familia del novio.

Cuando se abre la barrera (Tiempo 2), la dramatización de dicha oposición entre ambas familias continua en el espacio ritual. Aunque compartan dicho espacio y se observe que se conocen y se saludan, entre besos y abrazos, deben teatralizar su rivalidad. La familia de la novia ocupa un lugar y la del novio otro, donde deberá bailar durante largas horas hasta que la familia de la novia decida iniciar las negociaciones de la dote. Este episodio resulta fundamental, pues pone de manifiesto la fortaleza y la cohesión del grupo del novio, expresadas a través del color y diseño de los vestidos, la reproducción de los mismos gestos en el baile y palabras cantadas al ritmo de los instrumentos de percusión. La intensidad del baile y del canto se incrementa progresivamente, mientras la familia de la novia ejerce su dominio al prolongar deliberadamente la espera.

Después de unas doce horas de baile, la familia de la novia decide emprender las negociaciones (Tiempo 3). Esta fase que dura aproximadamente una hora, en mitad de la noche, muestra el claro predominio de la familia de la novia que reclama su dote por la pérdida de la mujer. Aunque –como en toda negociación– los interlocutores de ambas familias deben conseguir sus propios propósitos dentro de los objetivos previamente acordados. Los intercambios se realizan con espléndidos discursos, repletos de metáforas, significados por el poder de la palabra. Sin embargo, la dramatización ritual subraya claramente la pérdida de la mujer por parte de la familia de la novia.

La siguiente consecución de tiempos (4, 5 y 6) ejemplifica muy bien cómo las familias están diferenciadas entre sí y cómo se va efectuando el traspaso de la novia antes que despunte el día: el novio conducido por su familia (Tiempo 4), la novia por la suya (Tiempo 5) y la unión de ambos reconocida por un representante de la familia de la novia (Tiempo 6), que domina todavía la secuencia ritual. En dichos tiempos se observa el protagonismo de los novios (primero, por separado; y, finalmente, juntos), siempre integrantes de una unidad mayor que es la familia extensa a la que pertenecen por filiación. En su protagonismo destaca la gestualidad de la danza. En este caso, el novio imita al mosindji (gineta) como si buscara y descubriera a la novia en la noche (Tiempo 4). La novia ejecuta con frenesí los movimientos de nalgas del ivanga, danza nocturna que apela a los espíritus femeninos (Tiempo 5). Estos gestos remiten a la conjunción de realidades visibles e invisibles, y a la idea de que el mundo, lejos de estar fragmentado, constituye una totalidad simbólica. Ya juntos (Tiempo 6), cuando está despuntando el día, el representante de la mujer pronuncia palabras performativas que los une y hace uso del agua, símbolo que refleja y permite conectarse con el mundo no perceptible, invisible, de los ancestros u otros espíritus.

En este punto de la secuencia ritual todo cambia (Tiempo 7). La familia del novio procede a llevarse a la novia. Tanto el novio como la novia, junto con sus familias, abandonan el escenario ritual. Es el traslado definitivo de la novia por parte de la familia del novio, con una fase transitoria, denominada umbombi, en casa de la suegra. Un tiempo que inaugura un proceso temporal en el que, ahora sí se observa el dominio de la familia del novio. Aunque las dos familias estén representadas en todos los actos, la familia de novio es quien lidera, a partir de entonces, el proceso ritual hasta que finalice la boda.

Después del umbombi en casa de la suegra, se traslada a la mujer a su nueva casa (Tiempo 8) para la integración en su nueva vida y familia. Se celebra su incorporación en un nuevo ciclo vital, un nuevo posicionamiento social como mujer casada, y se engalana con bailes de bienvenida por parte de la familia del novio y la donación de todo lo necesario para su nuevo rol (enseres para cocinar, cultivar, transportar, …).

Finalmente, la boda se clausura con la bendición de las fuerzas del mundo (Tiempo 9). Los espíritus femeninos de los tiempos anteriores, mientras predominaba la familia de la mujer, son sustituidos por los masculinos. Ahora, en este tiempo final, entra en escena el espíritu masculino del mekuyo, que enlaza con los ancestros del patrigrupo de la familia del novio, y bendice la unión. A partir de entonces, la pareja queda plenamente integrada en una red de vínculos que trasciende lo puramente visible.

Una dimensión fundamental del análisis del ritual reside, asimismo, en la contextualización de las canciones y los bailes. Las canciones enuncian el momento ritual, variando su contenido semántico. Los bailes también son muy explícitos en cuanto a cambios gestuales, siendo el cuerpo un gran comunicador también de lo que se pretende significar. Música, palabra –cantada o declamada–, color y movimiento convergen y así dan sentido a cada uno de los tiempos rituales.

Última actualització d'aquesta pàgina: 2 abril 2026