{"id":2192,"date":"2022-08-09T15:13:16","date_gmt":"2022-08-09T15:13:16","guid":{"rendered":"https:\/\/webs.uab.cat\/saramartinalegre\/2022\/08\/09\/cronica-de-la-muerte-de-la-literatura-i-la-novela-experimental-y-el-ascenso-del-influencer\/"},"modified":"2022-08-09T15:13:16","modified_gmt":"2022-08-09T13:13:16","slug":"cronica-de-la-muerte-de-la-literatura-i-la-novela-experimental-y-el-ascenso-del-influencer","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/webs.uab.cat\/saramartinalegre\/2022\/08\/09\/cronica-de-la-muerte-de-la-literatura-i-la-novela-experimental-y-el-ascenso-del-influencer\/","title":{"rendered":"<strong>CR\u00d3NICA DE LA MUERTE DE LA LITERATURA (I): LA NOVELA EXPERIMENTAL Y EL ASCENSO DEL <em>INFLUENCER<\/em> <\/strong>"},"content":{"rendered":"<p>En mi \u00faltima entrada argument\u00e9 que la literatura altamente creativa est\u00e1 pr\u00e1cticamente muerta, y que parte de esta muerte anunciada se debe al dominio de la novela escrita por autores a los que no les importa la prosa literaria. Unos d\u00edas despu\u00e9s, Domingo R\u00f3denas de Moya public\u00f3 en el suplemento cultural de <em>El Pa\u00eds<\/em>, <em>Babelia<\/em>, un art\u00edculo titulado <a href=\"https:\/\/elpais.com\/babelia\/2022-07-30\/quien-teme-a-la-literatura-experimental.html\">\u201c\u00bfQui\u00e9n teme a la literatura experimental?\u201d<\/a> en el que b\u00e1sicamente argumentaba que la confluencia de intereses comerciales y el desinter\u00e9s de los lectores hab\u00edan matado la ficci\u00f3n experimental. Por experimental se refer\u00eda en esencia a la ficci\u00f3n Modernista que culmina en <em>Ulysses<\/em> (1922) de James Joyce, ahora objeto de celebraci\u00f3n por su centenario. <\/p>\n<p>La noci\u00f3n que R\u00f3denas expuso de lo experimental fue criticada en los comentarios de los lectores como una postura elitista que no ten\u00eda en cuenta el escaso inter\u00e9s que las novelas Modernistas suscitaron en el momento de su publicaci\u00f3n, ni el hecho de que el experimentalismo se puede encontrar en otros textos. De hecho, este es el caso. Las novelas g\u00f3ticas, por ejemplo, suelen ser narrativas experimentales porque los autores necesitaban mantener la ilusi\u00f3n de que los eventos absurdos que narraban realmente hab\u00edan sucedido. <em>Dr\u00e1cula<\/em> de Bram Stoker (1897), por ejemplo, es un prodigio en ese sentido, ya que consiste en un conjunto de documentos muy variados, desde las grabaciones fonogr\u00e1ficas del diario del Dr. Seward hasta recortes de peri\u00f3dicos. E<em>l extra\u00f1o caso del Dr. Jekyll y el Sr. Hyde<\/em> (1886) de R.L. Stevenson, que es una novela corta, tambi\u00e9n sorprende por c\u00f3mo se construye el cuento, desde el exterior hasta el interior, comenzando con las observaciones de los amigos del buen doctor y terminando con su propia versi\u00f3n de la cat\u00e1strofe que lo envuelve. <\/p>\n<p>Stoker y Stevenson eran tipos muy diferentes de escritores, pero su popularidad demuestra que los lectores de a pie est\u00e1n abiertos a la experimentaci\u00f3n siempre que la historia narrada sea atractiva, cosa que no es el caso en Ulysses. Este es, por otro lado, un texto literario mucho m\u00e1s puro ya que Joyce no lo redact\u00f3 principalmente como narrador, o como novelista, sino como un experimentador literario que intentaba crear un nuevo tipo de artefacto. Tuvo un gran \u00e9xito en ese esfuerzo, pero, por supuesto, nadie que se le acerque como narrador o novelista puede estar satisfecho con sus habilidades narrativas (ni siquiera mencionar\u00e9 su <em>Finnegan\u2019s Wake<\/em>, 1939, que casi mata la novela literaria para siempre).<\/p>\n<p>Entre los comentarios al texto de R\u00f3denas, me llam\u00f3 la atenci\u00f3n uno firmado por una persona que se hac\u00eda llamar \u2018Lola Montes\u2019. \u2018Ella\u2019 dej\u00f3 constancia de una peculiar tergiversaci\u00f3n del papel de los ordenadores en la escritura al escribir que \u201cHoy en d\u00eda los libros se escriben como churros gracias a los ordenadores, eso exige muy poco esfuerzo y escasa meditaci\u00f3n sobre lo que se escribe), una boutade que sugiere que \u2018Lola\u2019 debe ser una tecn\u00f3foba, una persona mayor, o ambas cosas. No obstante, otro de sus comentarios me pareci\u00f3 absolutamente relevante: \u201cLa dificultad de una lectura es directamente proporcional a la relaci\u00f3n entre el nivel cognitivo del autor y la realidad y contexto que presenta. Y eso requiere tambi\u00e9n altos niveles cognitivos en los lectores. No se trata de experimentar solo con los puntos y comas. Hoy en d\u00eda, la Gran Literatura Cl\u00e1sica debe considerarse experimental porque muy pocos la abordan y la entienden\u201d. Este comentario se puede abordar de dos maneras: no, Lola, los lectores muy sofisticados de altas habilidades cognitivas tambi\u00e9n pueden encontrar tediosa la ficci\u00f3n experimental y\/o cl\u00e1sica y, s\u00ed, Lola, cuanto m\u00e1s b\u00e1sicas son las habilidades de los lectores, menos probable es que elijan ficci\u00f3n m\u00e1s all\u00e1 del est\u00e1ndar b\u00e1sico de hartarse de leer en unas pocas horas una novela de prosa incolora.<\/p>\n<p>Una cuesti\u00f3n que no se aborda habitualmente en relaci\u00f3n con los h\u00e1bitos de lectura es el ocio. La novela naci\u00f3 en el s. XVIII como un g\u00e9nero dise\u00f1ado para llenar el tiempo libre de las mujeres ociosas de clase media y alta, que no hab\u00edan recibido educaci\u00f3n formal m\u00e1s all\u00e1 de la mera alfabetizaci\u00f3n. Los caballeros tambi\u00e9n le\u00edan novelas (incluso el Pr\u00edncipe Regente hab\u00eda le\u00eddo las novelas de Jane Austen), pero estar asociado con la escritura de novelas y su lectura estaba mal visto. Cuando en <em>La inquilina de Wildfell Hall<\/em> (1848) de Anne Bront\u00eb, la sirvienta Rachel trata de advertir a su ama Helen sobre el mal comportamiento de su esposo, Helen la recrimina: \u201c\u00bfY entonces, Rachel? \u00bfHas estado leyendo novelas?\u201d <\/p>\n<p>La idea de que la novela podr\u00eda ser un veh\u00edculo para una alta reflexi\u00f3n intelectual y para la expresi\u00f3n literaria creativa dirigida a lectores mejor educados lleg\u00f3 mucho m\u00e1s tarde, en un proceso de 50 a\u00f1os que se extendi\u00f3 desde <em>Middlemarch<\/em> (1871-2) de George Eliot hasta <em>Ulysses<\/em> (1922). Este proceso se superpone con el establecimiento (en el Reino Unido) de la educaci\u00f3n primaria y secundaria financiada por el estado y, por lo tanto, con la idea de que la lectura de los cl\u00e1sicos ten\u00eda que ser parte de la educaci\u00f3n de todas las personas. Tened en cuenta que las novelas todav\u00eda se trataban en ese contexto como textos para el ocio y no se proclamaron oficialmente parte de una educaci\u00f3n deseable hasta que F.R. Leavis public\u00f3 <em>The Great Tradition<\/em> (1948).<\/p>\n<p>La novela, as\u00ed pues, ocupa diversos nichos en el ocio, desde la necesidad m\u00e1s b\u00e1sica de entretenimiento en la playa, mientras se viaja, para llenar una tarde aburrida, hasta la necesidad m\u00e1s elaborada de comprender la vida. Aquellos que leyeron <em>Ullysses<\/em> originalmente ten\u00edan tiempo en sus manos para este tipo de texto exigente, ya que no es en absoluto una novela que se sirva para relajarte al final de una jornada laboral agotadora. Ni siquiera sirve <em>Middlemarch<\/em> para ese prop\u00f3sito, ni ninguna novela de los principales novelistas rusos y franceses, sino que se leen porque el lector tiene curiosidad por ellas. Los lectores dotados de curiosidad literaria siempre encuentran tiempo para leer textos exigentes, pero aun as\u00ed, los leen durante su tiempo libre (a menos que sean profesionales literarios de la cr\u00edtica y la docencia superior, o lectores cautivos como son los estudiantes).<\/p>\n<p>La orientaci\u00f3n para llenar ese tiempo de ocio productivo, aparte de la educaci\u00f3n, sol\u00eda provenir de los peri\u00f3dicos y revistas, y en naciones cultivadas como Francia o Alemania de programas de televisi\u00f3n dedicados a la lectura (en Espa\u00f1a tenemos <em>P\u00e1gina 2<\/em> desde 2007 pero ignoro si tiene p\u00fablico). El cr\u00edtico literario Bernard Pivot, un ex periodista, les dec\u00eda a los lectores franceses a qui\u00e9n ten\u00edan que leer en su programa semanal de entrevistas <em>Apostrophes<\/em> (1974-1989) y muchos prestaban atenci\u00f3n. Cuando Oprah Winfrey comenz\u00f3 su club de lectura (en 1996, como segmento de su programa de entrevistas), ya no se trataba de curiosidad literaria sino de otra cosa. Como escribi\u00f3  Scott Tossel en <a href=\"https:\/\/www.theatlantic.com\/past\/docs\/unbound\/polipro\/pp2001-11-29.htm\"><em>The Atlantic<\/em><\/a>, durante el apogeo de la controversia desatada por la negativa del autor Jonathan Franzen a ser publicitado por Oprah, \u201cEl Modernismo (y el posmodernismo) nos ense\u00f1aron que las verdaderas recompensas del arte y la literatura no se obtienen f\u00e1cilmente, sino que deben lograrse solo a trav\u00e9s de la dificultad y la lucha. Obtener cultura de Oprah, desde este punto de vista, es como obtenerla de las gu\u00edas Cliffs Notes, un m\u00e9todo m\u00e1s barato y tramposo, pero que impide obtener las recompensas totales que ofrece de una obra de arte\u201d. Tossel no consider\u00f3, por supuesto, por qu\u00e9 Oprah tuvo que llenar un vac\u00edo dejado por la educaci\u00f3n, ni cuando los trabajadores empleados 40 o m\u00e1s horas a la semana pueden encontrar la energ\u00eda para cosechar las recompensas de la lectura exigente.<\/p>\n<p>Oprah actuaba como lo que m\u00e1s tarde se llamar\u00eda, a partir de 2015, una <em>influencer<\/em>. Aqu\u00ed es donde est\u00e1 sucediendo la verdadera batalla. El conocido programa de entrevistas del cr\u00edtico alem\u00e1n Marcel Reich-Ranicki en la televisi\u00f3n p\u00fablica alemana, <em>Literarisches Quartett<\/em> (1988-2001), que de alguna manera cierra la brecha entre Pivot y Winfrey, es ahora impensable, con sus entrevistas en profundidad y su discusi\u00f3n comprometida de la literatura. El club de lectura de Winfrey termin\u00f3 en 2011, con el final de su talk show y su nueva versi\u00f3n lanzada en 2012, <em>Oprah\u2019s Book Club 2.0<\/em>, que reconoce el auge de las redes sociales interactivas, nunca ha tenido el mismo impacto. Aquellos que, como Tossel, estaban horrorizados porque la literatura fina y creativa hab\u00eda ca\u00eddo en las manos plebeyas de Oprah Winfrey, deben sentirse suicidas hoy, viendo c\u00f3mo la literatura est\u00e1 pereciendo ahogada por las rese\u00f1as de narrativa poco exigente ofrecidas primero por los booktubers, ahora por los booktokers. Los lectores siguen a\u00fan el ejemplo de otros, pero mientras que Pivot y Reich-Ranicki, y en gran medida Winfrey, actuaron por una genuina preocupaci\u00f3n por educar utilizando los medios de comunicaci\u00f3n, esta preocupaci\u00f3n ha desaparecido de las redes sociales, con algunas excepciones que no alcanzan, de todos modos, el alto n\u00famero de seguidores que alcanzaron esos influencers proto literarios. Hoy mandan otros <em>influencers<\/em> como las Kardashians.<\/p>\n<p>En principio, nada impide que los <em>booktubers<\/em> y <em>booktokers<\/em> defiendan la extremadamente exigente ficci\u00f3n Modernista, posmodernista y post-posmodernista, o cualquier otro g\u00e9nero literario (poes\u00eda, drama). De hecho, las Kardashian podr\u00edan ayudar a publicitar a Joyce, ya que est\u00e1n publicitando tantas marcas de moda. El problema, a mi modo de ver, es que quienes est\u00e1n presentes en las redes sociales como cr\u00edticos de libros suelen ser personas muy j\u00f3venes cuyo gusto literario a\u00fan no se ha formado y que est\u00e1n, adem\u00e1s, en las garras de esta enfermedad que es la ficci\u00f3n juvenil o young adult. Disculpadme mi esnobismo edadista, pero aunque la idea de que los j\u00f3venes se recomienden libros entre s\u00ed es hermosa, la idea de que en su mayor\u00eda recomienden novelas dise\u00f1adas para complacer a los lectores j\u00f3venes no lo es. <\/p>\n<p>Hace poco estaba leyendo <em>La escritura o la vida<\/em> (1994, originalmente <em>L\u2019\u00e9criture ou la vie<\/em>) de Jorge Sempr\u00fan, unas memorias profundamente conmovedoras de su regreso a la vida ordinaria despu\u00e9s de Buchenwald, y me sorprendieron las escenas en las que \u00e9l, entonces de 20 a\u00f1os, comenta poemas con un oficial estadounidense, tan joven como \u00e9l. Ambos hombres han le\u00eddo una inmensidad y citan una incre\u00edble variedad de poemas, que saben de memoria. Estaban, claramente, bajo otras influencias (e influencers). En cuanto a la ficci\u00f3n para adultos j\u00f3venes, no niego la calidad de sus textos, como nunca negar\u00eda la calidad de la literatura infantil. Lo que estoy diciendo es que ha tenido el desafortunado (o tr\u00e1gico) efecto secundario de convencer a la mayor\u00eda de los lectores adolescentes, de los cuales la gran mayor\u00eda son chicas, de que hay algo llamado literatura \u2018adulta\u2019 que es aburrida hasta la muerte y solo debe leerse con las primeras canas.<\/p>\n<p>Continuo despotricando en la siguiente entrada&#8230;<\/p>\n<p><strong>Publico una entrada una vez a la semana (s\u00edgueme en @SaraMartinUAB). \u00a1Los comentarios son muy bienvenidos! Desc\u00e1rgate los vol\u00famenes anuales de http:\/\/ddd.uab.cat\/record\/116328 y visita mi sitio web http:\/\/gent.uab.cat\/saramartinalegre\/. 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