{"id":3044,"date":"2023-10-31T15:56:23","date_gmt":"2023-10-31T15:56:23","guid":{"rendered":"https:\/\/webs.uab.cat\/saramartinalegre\/?p=3044"},"modified":"2023-10-31T15:57:15","modified_gmt":"2023-10-31T15:57:15","slug":"trenes-y-omnibuses-sobre-los-medios-de-transporte-en-la-ficcion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/webs.uab.cat\/saramartinalegre\/2023\/10\/31\/trenes-y-omnibuses-sobre-los-medios-de-transporte-en-la-ficcion\/","title":{"rendered":"TRENES Y OMNIBUSES: SOBRE LOS MEDIOS DE TRANSPORTE EN LA FICCI\u00d3N"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Como lectores y espectadores, tendemos a pensar en los medios de transporte como elementos de trasfondo de mediana importancia. Sin embargo, en cuanto he investigado un poco, en seguida ha surgido una imagen compleja de su relevancia en las historias que contamos y consumimos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pienso hoy en este asunto a causa de dos conferencias. Jordi Font-Agust\u00ed, escritor catal\u00e1n de ciencia ficci\u00f3n y aficionado a los trenes, fue el conferenciante invitado en la ceremonia de entrega del Premi Pedrolo (tuve el honor de presidir el jurado), y nos deleit\u00f3 con una visi\u00f3n muy completa de los trenes en las ficciones impresas y audiovisuales. El lugar del evento era la biblioteca principal de Matar\u00f3, una ciudad a unos 40 km al norte de Barcelona, que ahora celebra el 175 aniversario de la primera l\u00ednea de tren de Espa\u00f1a, inaugurada en 1848 para unir las dos localidades. La otra conferenciante invitada (para la sesi\u00f3n de bienvenida del programa de Doctorado en Estudios Ingleses de mi Departamento) fue Elizabeth Amman, de la Universidad de Gante y autora del volumen <em>The Omnibus: A Cultural History of Urban Transportation<\/em>, parte de la colecci\u00f3n Palgrave Studies in Nineteenth-Century Writing and Culture.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Menciono la colecci\u00f3n, o serie, porque he encontrado all\u00ed lo que parece ser un volumen pionero publicado en 2012, <em>Transport in British Fiction: Technologies of Movement, 1840-1940<\/em> (editado por Adrienne E. Gavin y Andrew F. Humphries). O no tan pionero, teniendo en cuenta que los editores mencionan en el prefacio como predecesores otros libros de Wolfgang Schivelbusch (<em>The Railway Journey: The Industrialization of Time and Space in the Nineteenth Century<\/em>, 1977), Stephen Kern (<em>The Culture of Time and Space, 1880-1918<\/em>, 1983), Laura Otis (<em>Networking: Communicating with Bodies and Machines in the Nineteenth Century<\/em>, 2004) y, sobre todo, el de Jonathan Grossman, <em>Charles Dickens\u2019s Networks: Public Transport and the Novel <\/em>(2012).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La novela de Dickens que suelo ense\u00f1ar, <em>Grandes esperanzas<\/em>, se serializ\u00f3 entre 1860 y 1861, cuando los trenes ya llevaban tres d\u00e9cadas circulando en Inglaterra (el ferrocarril entre Liverpool y Manchester se inaugur\u00f3 en 1830). Sin embargo, Dickens la sit\u00faa a principios de la d\u00e9cada de 1830, como deducimos porque los personajes se mueven en carruajes tirados por caballos (diligencia entre los centros urbanos, carruajes de alquiler o \u2018cabs\u2019 en la ciudad). Aunque Pip intenta ayudar a Magwitch a escapar abordando un barco de vapor (la l\u00ednea a Hamburgo se estableci\u00f3 en 1825), lo m\u00e1s probable es que \u00e9ste regresara de Australia en un velero, circunnavegando el Cabo de Buena Esperanza (el Canal de Suez se inaugur\u00f3 en 1869). Los autores siempre deben tener en cuenta c\u00f3mo viajan sus personajes de un punto a otro, y cu\u00e1ndo est\u00e1 disponible cada medio de transporte, para evitar anacronismos. Incluso en historias fant\u00e1sticas. En <em>Dr\u00e1cula<\/em> (1897), Harker y compa\u00f1\u00eda toman el Orient Express, inaugurado en 1883, para perseguir al conde durante su huida de vuelta a Transilvania. Hoy en d\u00eda, volar\u00edan en una aerol\u00ednea de bajo coste, desde Lutton hasta el aeropuerto internacional Avram Iancu de Cluj en Cluj-Napoca en unas pocas horas. Y, s\u00ed, cuando Julio Verne public\u00f3 <em>Le Tour du monde en quatre-vingts jours<\/em>, en 1872, se tardaban 80 d\u00edas en dar la vuelta al mundo; hoy en d\u00eda se puede hacer en menos de 80 horas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Mientras que en la ficci\u00f3n realista (incluida la g\u00f3tica como <em>Dr\u00e1cula<\/em>), el transporte est\u00e1 circunscrito por los medios disponibles, en la fantas\u00eda (del tipo maravilloso) y en la ciencia ficci\u00f3n los autores son libres de inventar nuevos medios. En la ciencia ficci\u00f3n hay una divisi\u00f3n tajante entre los autores que aceptan los viajes m\u00e1s r\u00e1pidos que la luz y los que no, con el argumento de que seg\u00fan parece es f\u00edsicamente imposible. M\u00e1s all\u00e1 de esta divisi\u00f3n, hay otra entre naves espaciales sintientes y no sintientes, que no necesariamente es la misma que entre naves org\u00e1nicas e inorg\u00e1nicas. En la ficci\u00f3n de Iain M. Banks, por ejemplo, las naves espaciales son inorg\u00e1nicas pero est\u00e1n dirigidas por poderosas IA totalmente sentientes, llamadas Mentes. En el universo que Yoon Ha Lee crea en <em>Machineries of Empire<\/em>, las naves espaciales, conocidas como \u2018polillas\u2019, son de hecho una raza alien\u00edgena esclavizada, tanto org\u00e1nica (aunque ciborgizada) como sentiente. Podr\u00eda seguir nombrando extra\u00f1as naves espaciales sin parar, pero prefiero mentar entre los objetos voladores m\u00e1s extra\u00f1os que la ficci\u00f3n ha visto la isla voladora de Laputa en el cl\u00e1sico de Jonathan Swift <em>Los viajes de Gulliver<\/em> (1726).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Permitidme nombrar al azar algunos otros medios de transporte m\u00e1gicos: los \u00e1rboles andantes de Tolkien, conocidos como Ents (los Hobbits viajan en Treebeard, el m\u00e1s antiguo); las criaturas m\u00e1gicas que se pueden montar, desde dragones hasta hipogrifos; el castillo m\u00f3vil de Howl en la novela hom\u00f3nima de Diana Wynne Jones, o el autob\u00fas gatuno de Hayao Miyazaki en su deliciosa pel\u00edcula <em>Totoro<\/em>. Y otros medios con los que la ciencia ficci\u00f3n sue\u00f1a pero que a\u00fan no tenemos (\u00a1afortunadamente!): el coche volador, la m\u00e1quina del tiempo imaginada por H.G. Wells y mucho m\u00e1s tarde re-imaginada por Robert Zemeckis como el genial coche DeLorean, la Tardis del Dr. Who, las mochilas propulsoras, los teletransportadores (como los de <em>Star Trek<\/em>). Los taxis conducidos por robots que vimos, por ejemplo, en <em>Desaf\u00edo<\/em> <em>total<\/em> (1990) y que tanto irritaban a Arnold Schwarzenegger se ven ahora en las calles de San Francisco (\u00a1sin el maniqu\u00ed conductor!), donde est\u00e1n causando innumerables problemas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Hay, as\u00ed pues, dos formas b\u00e1sicas de abordar el tema del transporte en la ficci\u00f3n, si interesa: hacer listas de los diversos medios de transporte, desde caminar hasta la carga digital en internet, o bien tomar un medio de transporte espec\u00edfico y redactar listas lo m\u00e1s completas posible de las obras en que aparece. El problema, desde un punto de vista acad\u00e9mico, es saber qu\u00e9 ganamos exactamente con esto. Considerar\u00e9 primero la docencia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Mis PowerPoints introductorios para la asignatura Literatura Victoriana incluyen muchas im\u00e1genes relacionadas con el transporte, y siempre les cuento a los estudiantes qui\u00e9n era Isambard Kingdom Brunel, aunque dudo mucho que les interese un tipo de informaci\u00f3n que seguramente les parece trivial. Yo misma aprend\u00ed de Elizabeth Mann hace solo unos d\u00edas la diferencia entre un \u00f3mnibus y un tranv\u00eda del s. XIX: el primero era un gran carruaje con dos cubiertas tirado por caballos, el segundo era similar pero corr\u00eda sobre rieles para facilitar los esfuerzos de los caballos. Me preocupa mi propia ignorancia porque mi PowerPoint para la Unidad 2 tiene una foto de los primeros tranv\u00edas de Londres, introducidos en 1861; fueron dise\u00f1ados por un tal Mr. Train (\u00a1qu\u00e9 gracia llamarse Sr. Tren!) de Nueva York para reemplazar a los omnibuses, mucho menos estables. No fue hasta 1891 cuando la ciudad de Leeds introdujo los primeros tranv\u00edas el\u00e9ctricos. Como especialista en Estudios Culturales, me interesan estos detalles, pero no me hago ilusiones sobre el inter\u00e9s de mis estudiantes. Tal vez si menciono la muy Victoriana estaci\u00f3n de King&#8217;s Cross y el and\u00e9n 9\u00be de <em>Harry Potter<\/em> capten por qu\u00e9 es importante saber sobre transportes.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En cuanto a la investigaci\u00f3n, quiz\u00e1s el principal problema es que se corre el riesgo de ser demasiado descriptivo. La charla de Jordi Font-Agust\u00ed, profusamente ilustrada, es una buena base para un hermoso volumen sobre los trenes en la ciencia ficci\u00f3n, particularmente atractivo por su retrofuturismo (nos mostr\u00f3 muchas im\u00e1genes de c\u00f3mo se hab\u00edan imaginado los trenes futuros en el pasado, las m\u00e1s locas ven\u00edan de la Alemania nazi). O para producir divulgaci\u00f3n atractiva. Leed, por ejemplo, el <a href=\"https:\/\/clarkesworldmagazine.com\/heller_06_13\/\">art\u00edculo<\/a> de Jason Heller \u201cBeyond the Tracks: The Locomotive in Science Fiction Literature\u201d y disfrutad. Tiene una tesis (\u201cLas locomotoras son las naves espaciales originales\u201d, en el sentido de que alteraron totalmente la forma en que viajamos) pero no estoy segura de si basta para un art\u00edculo acad\u00e9mico o una monograf\u00eda. El volumen de Elizabeth Amman \u201cexamina\u201d y \u201cexplora\u201d, como indica su nota de contraportada, \u201cc\u00f3mo el \u00f3mnibus dio lugar a un vasto cuerpo de representaciones culturales que sondearon la experiencia social \u00fanica del tr\u00e1nsito urbano\u201d y \u201cc\u00f3mo el \u00f3mnibus y el tranv\u00eda tirado por caballos funcionaron en la imaginaci\u00f3n cultural del siglo XIX\u201d, pero no estoy segura de si esto equivale a defender una tesis, m\u00e1s all\u00e1 de \u201cel \u00f3mnibus fue un medio de transporte revolucionario\u201d. Tal vez algunos tipos de investigaci\u00f3n no necesitan una tesis, sino solo la voluntad de informar a los lectores sobre un tema, y deben por ello ser lo m\u00e1s descriptivos posible.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Por mi parte, llevo un tiempo sintiendo curiosidad por el tema de la velocidad. He encontrado un libro de Martin Roach titulado <em>The History of Speed: The Quest to go Faster, from the Dawn the Motor Car to the Speed of Sound<\/em> (2020), pero al autor conecta la velocidad solo con los coches, y creo que el concepto de velocidad cambia primero con los trenes. Los caballos, se\u00f1ala un sitio web especializado, pueden correr hasta 88,5 km\/h y, por promedio, los purasangres corren 64 km\/h. Esa era la m\u00e1xima velocidad a la que los humanos pod\u00edan viajar antes de los trenes, y solo por muy poco tiempo. Un carruaje tirado por caballos, informa otro sitio web especializado, puede viajar a alrededor de 12-16 km\/h al trote, mucho menos (2-6 km\/h) al paso; como mucho se puedan hacer entre 16 y 48 km en un d\u00eda. Los trenes comenzaron a una velocidad de 48 km\/h en la d\u00e9cada de 1830, y alcanzaron los 128 km\/h en la d\u00e9cada de 1850, algo impactante. Pasada la d\u00e9cada de 1870, los trenes ya alcanzaban los 180 km\/h.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En cambio el primer autom\u00f3vil de producci\u00f3n comercial, el Benz Velo de 1894, solo iba a 19 km\/h, lo que demuestra que voy bien encaminada. Por supuesto, hay una inmensa diferencia entre sentir la velocidad en un veh\u00edculo peque\u00f1o que uno conduce, y sentir la velocidad en un transporte colectivo como pasajero. 300 km\/h son brutales en un coche, pero sorprendentemente fluidos en un tren de alta velocidad como el AVE. La masculinidad, naturalmente, es un factor a tener en cuenta en cuanto a la velocidad, tanto en el desarrollo del autom\u00f3vil como del tren, y, de hecho, en la navegaci\u00f3n a\u00e9rea desde los hermanos Wright hasta el primer vuelo a la Luna (el Apolo X estableci\u00f3 el r\u00e9cord de la velocidad alcanzada por un veh\u00edculo tripulado con 39897 km\/h). A las mujeres, como todos sabemos, no nos gusta tanto la velocidad. Somos en general m\u00e1s prudentes.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En suma, ofrezco estas reflexiones poco hilvanadas para llamar la atenci\u00f3n sobre c\u00f3mo nos movemos por tierra y aire sin pensar en lo que esto significa culturalmente, y c\u00f3mo la ficci\u00f3n necesita reflejar la realidad mundana del transporte, a no ser que los autores prefieran fantasear con nuevos medios. Personalmente, espero no ver nunca una ciudad llena de coches y personas volando, pero \u00bfqui\u00e9n sabe?<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Como lectores y espectadores, tendemos a pensar en los medios de transporte como elementos de trasfondo de mediana importancia. 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