{"id":4103,"date":"2025-07-22T08:17:29","date_gmt":"2025-07-22T08:17:29","guid":{"rendered":"https:\/\/webs.uab.cat\/saramartinalegre\/?p=4103"},"modified":"2025-07-22T08:19:14","modified_gmt":"2025-07-22T08:19:14","slug":"por-que-las-novelas-victorianas-son-tan-largas-y-por-que-nos-falta-paciencia-para-leerlas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/webs.uab.cat\/saramartinalegre\/2025\/07\/22\/por-que-las-novelas-victorianas-son-tan-largas-y-por-que-nos-falta-paciencia-para-leerlas\/","title":{"rendered":"POR QU\u00c9 LAS NOVELAS VICTORIANAS SON TAN LARGAS (Y POR QU\u00c9 NOS FALTA PACIENCIA PARA LEERLAS)"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Se podr\u00eda pensar que las novelas victorianas son tan largas debido a su serializaci\u00f3n en entregas semanales o mensuales, vendidas como parte de publicaciones peri\u00f3dicas o de forma independiente. Sin embargo, esta pr\u00e1ctica comercial, introducida por el editor de Charles Dickens, Chapman, con la serializaci\u00f3n de <em>The Posthumous Papers of the Pickwick Club<\/em> (19 entregas entre marzo de 1836 y noviembre de 1837) fue precedida por una t\u00e1ctica igualmente exitosa para expandir el n\u00famero de palabras de las novelas: el <em>three-decker<\/em>, o publicaci\u00f3n en tres vol\u00famenes. <em>Kennilworth<\/em> (1821) de Walter Scott, publicada por Archibald Constable, fue la primera novela en aparecer en tres vol\u00famenes, al precio asombrosamente alto de 1,5 guineas (221 libras esterlinas o 257 euros actuales).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La idea tras la publicaci\u00f3n en tres vol\u00famenes era atraer a los lectores a las <em>circulating libraries<\/em> (o biblioteca de suscripci\u00f3n), que cobraban una tarifa por cada volumen (como sol\u00edan hacer los ahora desaparecidos videoclubs para cada pel\u00edcula). Esto significa, por supuesto, que el beneficio obtenido de una novela se multiplicaba por tres con su publicaci\u00f3n en tres vol\u00famenes. La biblioteca de subscripci\u00f3n parece haber sido una creaci\u00f3n de Allan Ramsay, quien abri\u00f3 la primera en 1725, en Edimburgo. Su misi\u00f3n principal era facilitar la lectura de novelas a las mujeres.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La famosa biblioteca de subscripci\u00f3n de Charles Mudie, fundada en 1842, apareci\u00f3 veinti\u00fan a\u00f1os despu\u00e9s de la pionera publicaci\u00f3n en tres vol\u00famenes por parte de Scott y Constable, y fue responsable del dominio del <em>three-decker<\/em> hasta 1894, cuando el negocio se arruin\u00f3. Lo que caus\u00f3 este fracaso fue la generalizaci\u00f3n a nivel nacional de la red de bibliotecas p\u00fablicas (la Public Library Act se aprob\u00f3 en 1850 en Gran Breta\u00f1a) y el problema de qu\u00e9 hacer con los t\u00edtulos m\u00e1s vendidos que obtuvieron fugaz gloria y r\u00e1pidamente pasaron de moda, sin encontrar comprador para sus costosas ediciones de tres vol\u00famenes. W.H. Smith se adapt\u00f3 mejor a los nuevos tiempos, logrando mantener su biblioteca de subscripci\u00f3n, fundada en 1860, en funcionamiento durante 100 a\u00f1os hasta 1861. La serializaci\u00f3n de novelas, que generalmente conduc\u00eda a la publicaci\u00f3n en un solo volumen, funcion\u00f3 en general mucho mejor que el <em>three-decker<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ya hab\u00eda habido novelas muy largas antes de la introducci\u00f3n de la novela de tres vol\u00famenes y de la serializaci\u00f3n por entregas. <em>Clarissa, or, the History of a Young Lady, <\/em>de Samuel Richardson, la novela m\u00e1s larga en ingl\u00e9s con aproximadamente 950000 palabras se public\u00f3 originalmente entre 1747 y 1748 en siete vol\u00famenes. Sin embargo, no debe considerarse una heptalog\u00eda como <em>Harry Potter<\/em> (1997-2007), sino una novela muy larga (si bien posiblemente <em>Harry Potter<\/em> tambi\u00e9n sea una novela muy larga en siete vol\u00famenes). En las series de novelas, como por ejemplo la serie policial sobre John Rebus de Ian Rankin, se supone que cada volumen es independiente, aunque, por supuesto, la experiencia de lectura se enriquece si el lector conoce los vol\u00famenes anteriores.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La serializaci\u00f3n al estilo de Dickens y la publicaci\u00f3n tipo <em>three-decker<\/em>, ambas generalmente ilustradas, fueron pr\u00e1cticamente abandonadas a principios del siglo XX, para ser reemplazadas en la d\u00e9cada de 1950 por la trilog\u00eda moderna no mim\u00e9tica (aunque las series de novelas mim\u00e9ticas literarias continuaron con, por ejemplo, <em>A Dance to the Music of Times de Anthony Powell<\/em>, 12 novelas, 1951-1975). Este remplazo fue algo accidental, ya que los editores de J.R.R. Tolkien, Allen &amp; Unwin, se negaron a publicar su novela <em>El Se\u00f1or de los Anillos<\/em> como un solo volumen de 1000 p\u00e1ginas, debido a los altos costes de impresi\u00f3n y la escasez de papel posterior a la Segunda Guerra Mundial en el Reino Unido.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Dado que dividirla en tres vol\u00famenes era m\u00e1s barato, hoy conocemos la larga novela de Tolkien como una trilog\u00eda formada por <em>La Comunidad del Anillo<\/em> (1954), <em>Las dos torres<\/em> (1954) y <em>El retorno del rey<\/em> (1955). El \u00e9xito posterior de la trilog\u00eda original de Isaac Asimov <em>Fundaci\u00f3n<\/em>, compuesta por <em>Fundaci\u00f3n<\/em> (1951), <em>Fundaci\u00f3n e Imperio<\/em> (1952) y <em>Segunda Fundaci\u00f3n<\/em> (1953), consolid\u00f3 la presencia de trilog\u00edas y series en g\u00e9neros como la ciencia ficci\u00f3n, la fantas\u00eda, la novela juvenil, la novela polic\u00edaca o la novela rom\u00e1ntica. Desde la d\u00e9cada de 1980, las novelas independientes se han vuelto menos habituales en estos g\u00e9neros, aunque siguen siendo el principal elemento b\u00e1sico de la ficci\u00f3n literaria. Se podr\u00eda decir que las editoriales actuales han vuelto en parte al <em>three-decker<\/em>, aunque para la venta directa en lugar de la suscripci\u00f3n a las bibliotecas comerciales.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">He aqu\u00ed la pregunta: \u00bflas novelas muy largas del pasado operan bajo los mismos principios narrativos que las novelas muy largas de hoy? \u00bfSon los <em>three-deckers<\/em> del siglo XIX esencialmente lo mismo que las trilog\u00edas al estilo de Tolkien? \u00bfSon las series de novelas actuales similares a la multi-volumen <em>Clarissa<\/em>, o a las novelas por entregas de Dickens? La respuesta es s\u00ed y no. Reto a cualquiera a que le d\u00e9 sentido a este panorama tan complejo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En esencia, las narraciones muy largas solo pueden sostenerse sobre la base de muchos incidentes y\/o un gran elenco de personajes. Desgraciadamente, mi argumentaci\u00f3n de hoy tiene una gran laguna porque no he le\u00eddo la novela de siete vol\u00famenes de Marcel Proust <em>\u00c0 la recherche du temps perdu<\/em> (1913-1927, alrededor de 1,2 millones de palabras), y no puedo decir qu\u00e9 la sustenta. Lo que he notado al leer a Tolstoi, de Queir\u00f3s, Pardo Baz\u00e1n y Gald\u00f3s recientemente es que sus largu\u00edsimas novelas tienen tramas centrales bastante sencillas, pero se extienden hasta ocupar cientos de p\u00e1ginas introduciendo muchos personajes secundarios con una importancia relativamente marginal, e incluso sin impacto en la trama principal. Tambi\u00e9n hay abundante descripci\u00f3n de personas, lugares y objetos. El di\u00e1logo est\u00e1 lleno de enunciaciones muy largas que no se corresponden en absoluto con la forma en que la gente habla, ya sea ahora en el siglo XXI o en el XIX. Desde esta perspectiva, Tolkien es un escritor victoriano tard\u00edo en lugar de un posmodernista, como deber\u00eda ser si pensamos en su biograf\u00eda. Leer <em>El Se\u00f1or de los Anillos<\/em> es una experiencia m\u00e1s cercana a leer a Dickens (incluso a Eliot o Trollope) que a leer a D.H. Lawrence o Virginia Woolf.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Mi argumento debe ser obvio a estas alturas: la novela literaria del siglo XIX \u2014para distinguirla del <em>follet\u00edn<\/em> franc\u00e9s, la serializaci\u00f3n en los peri\u00f3dicos del melodrama presente en <em>Myst\u00e8res de Paris<\/em> (1842-3) de Eug\u00e8ne Sue o <em>El conde de Montecristo<\/em> (1844-46) de Alejandro Dumas\u2014 est\u00e1 impulsada por los personajes, incluso cuando est\u00e1 llena de incidentes, como sucede en Dickens. En las obras m\u00e1s cortas de la d\u00e9cada de 1880, como <em>Las minas del rey Salom\u00f3n <\/em>(1885) de Haggard o <em>El extra\u00f1o caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde<\/em> (1886) de R.L. Stevenson, y muchas otras, el ritmo cambia dr\u00e1sticamente, parte de la corriente tardo-Victoriana que finalmente condujo a las novelas mucho m\u00e1s concisas de los siglos XX y XXI vendidas en un solo volumen (s\u00ed, s\u00e9 que el <em>Ulises<\/em> de Joyce, publicado en 1922, e inicialmente serializado, tiene 262869 palabras, m\u00e1s de 700 p\u00e1ginas). Los personajes se siguen construyendo de manera consistente, pero los elencos se han reducido radicalmente, al igual que sus descripciones y biograf\u00edas. Todo, en definitiva, se vuelve m\u00e1s conciso y directo, aunque como de costumbre hay excepciones.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>El Se\u00f1or de los Anillos<\/em> tiene, para que lo sep\u00e1is, 481103 palabras. Lo que sucede despu\u00e9s de la d\u00e9cada de 1950, as\u00ed pues, cuando Tolkien remodela la largu\u00edsima novela victoriana, es que su l\u00f3gica interna deja de estar dominada por la l\u00f3gica externa del editor en busca del <em>three-decker<\/em>. Hay una gran diferencia entre narrar en 1000 p\u00e1ginas lo que se podr\u00eda haber narrado en 400 si se hubiera minimizado el elenco de personajes secundarios y la descripci\u00f3n, y crear historias densas que requieren un inmenso recuento de palabras porque est\u00e1n llenas de incidentes (estando quiz\u00e1s m\u00e1s cerca del follet\u00edn).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En <em>El Se\u00f1or de los Anillos<\/em>, Tolkien sigue utilizando t\u00e9cnicas narrativas literarias victorianas de ritmo lento, pero cuando llegamos, por ejemplo, a la novela hist\u00f3rica de Ken Follett <em>Los pilares de la tierra <\/em>(1989), los viejos c\u00f3digos han sido reemplazados por los estilos de acci\u00f3n r\u00e1pida tomados principalmente del cine y la televisi\u00f3n (pero leed <em>Quo va<\/em>dis del polaco Henryk Sienkiewicz, novela publicada entre 1895 y 1896, y ya se puede ver el Hollywood cl\u00e1sico acechando entre sus p\u00e1ginas). Supongo que las adaptaciones cinematogr\u00e1ficas y televisivas de las novelas victorianas son esenciales en este proceso: el dise\u00f1o de producci\u00f3n y el aspecto de los actores absorben gran parte de la descripci\u00f3n; los di\u00e1logos se reducen para adaptarse al ritmo de la producci\u00f3n audiovisual, y las subtramas menos esenciales se recortan. Es posible que todav\u00eda tengamos grandes elencos de personajes, pero el relleno narrativo victoriano ha sido barrido, lo que obliga a los escritores a estructurar las tramas como r\u00e1fagas de acci\u00f3n dram\u00e1tica r\u00e1pida. El resultado es que en el siglo XXI nos sentimos m\u00e1s c\u00f3modos leyendo sagas fant\u00e1sticas de miles de p\u00e1ginas que <em>Middlemarch<\/em> (319402 palabras, unas 900 p\u00e1ginas).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No he mencionado todav\u00eda el contenido de las novelas. La ficci\u00f3n del siglo XIX, exceptuando el g\u00f3tico y la aventura, est\u00e1 enamorada del realismo, una tendencia que alcanza un morboso extremo con el naturalismo de Zola, una corriente que a menudo es extremadamente clasista en lugar de cr\u00edtica con la marginaci\u00f3n social. Al lector victoriano se le daba a elegir entre las pasiones frustradas de las clases altas y medias-altas, sin pensar dos veces en c\u00f3mo sus estilos de vida eran sostenidos por las clases trabajadoras, o se lo sumerg\u00eda en las vidas degradadas de estos individuos trabajadores en las novelas naturalistas. Las tramas, como he estado argumentando aqu\u00ed, a menudo dependen de reglas legales, morales o religiosas que han quedado obsoletas. Se necesita, en resumen, mucha buena voluntad por parte del lector para comprometerse durante muchas horas con los conflictos de personas que probablemente no nos gustar\u00edan en la vida real, suponiendo que no nos excluyeran de sus c\u00edrculos. Claramente, si Jane Austen es hoy la escritora del siglo XIX favorita del mundo entero, esto se debe a que su estilo narrativo es ordenado y conciso, sin importar que la mayor\u00eda de nosotros dif\u00edcilmente ser\u00edamos candidatos a estar en la lista de invitados de Pemberley.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;Por lo tanto, nos impacientamos con las novelas victorianas (o, en general, con la ficci\u00f3n mim\u00e9tica del siglo XIX) porque nuestra propia ficci\u00f3n es mucho m\u00e1s concisa, incluso cuando es muy larga. A nosotros, la ficci\u00f3n victoriana nos parece tan insufriblemente excesiva como el estilo de decoraci\u00f3n que los victorianos prefer\u00edan en sus hogares. Por el contrario, nuestras ficciones se han vaciado para dejar espacio a la acci\u00f3n y tienen un ritmo mucho m\u00e1s r\u00e1pido, incluyendo las muy largas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cuando tomo una larga novela victoriana, como <em>Retrato<\/em> <em>de una dama<\/em> (1880-1) de Henry James, debo prepararme para lidiar con un torrente de descripciones, di\u00e1logos, comentarios del autor, o introspecci\u00f3n de los personajes, que generalmente ocultan una base melodram\u00e1tica (una chica idiota recibe una gran herencia y se casa est\u00fapidamente con un sinverg\u00fcenza). En una novela contempor\u00e1nea igualmente larga, pueden aparecer los mismos elementos, pero reducidos al 10% del espacio que sol\u00edan ocupar, lo que hace que la lectura sea mucho m\u00e1s ligera, si bien obliga a los autores a llenarlos con muchos m\u00e1s incidentes. Por lo tanto, no es de extra\u00f1ar que nuestras novelas m\u00e1s largas sean las de los g\u00e9neros no mim\u00e9ticos, donde los escritores pueden dejar volar su imaginaci\u00f3n (o <em>deben hacerlo<\/em>, despu\u00e9s de firmar contratos para trilog\u00edas). En la ficci\u00f3n mim\u00e9tica y realista, por el contrario, la imaginaci\u00f3n de los escritores y, sobre todo, la capacidad de retratar v\u00edvidamente a los personajes, se ha desvanecido, dej\u00e1ndonos p\u00e1lidos reflejos de la vida, que solo se iluminan cuando se imitan las viejas t\u00e9cnicas narrativas victorianas, o se hace un buen uso de la introspecci\u00f3n al estilo (post)modernista.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">As\u00ed que, en general, el <em>three-decker<\/em> victoriano no es lo mismo que la trilog\u00eda de g\u00e9nero post-post-moderna, ni siquiera cuando tienen exactamente el mismo n\u00famero de palabras. Nos hemos acostumbrado a las ficciones llenas de incidentes y acci\u00f3n, posiblemente debido a la influencia del cine y las series de televisi\u00f3n, que han erosionado nuestra paciencia con la descripci\u00f3n, el comentario autoral y la introspecci\u00f3n. Nuestros personajes no piensan mucho, o tienen pensamientos superficiales que se supone son representativos de la vida actual, que tambi\u00e9n es superficial. Esto hace que la lectura sea m\u00e1s r\u00e1pida, lo que explica la popularidad de las trilog\u00edas y series en la actualidad, y nuestra impaciencia con la mayor\u00eda de las novelas del siglo XIX, que nos parecen innecesariamente cargadas de onerosa decoraci\u00f3n superflua.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Se podr\u00eda pensar que las novelas victorianas son tan largas debido a su serializaci\u00f3n en entregas semanales o mensuales, vendidas como parte de publicaciones peri\u00f3dicas o de forma independiente. 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