[¡ADVERTENCIA! DESTRIPES SOBRE LA NOVELA CARRIE DE STEPHEN KING – SÍ, LA RAE ACEPTA DESTRIPES EN LUGAR DE ESPÓILERS]

          Como muchas otras personas, vi la muy popular película de Brian de Palma Carrie (1976, guion de Larry D. Cohen) antes de leer la novela de King de 1974. El tema que estoy explorando estos días con mis estudiantes es cómo y por qué la visualización aportada por la adaptación audiovisual a través del diseño de producción, el reparto, la fotografía, etc., tiene el poder de colonizar nuestra imaginación, hasta el punto de que, si luego leemos el texto adaptado, tomamos prestadas las imágenes cinematográficas incluso para escenas que no están presentes en la película. Tenía doce años cuando la vi por primera vez Carrie. Mi juventud impresionable y la alta calidad de la película convirtieron mi imaginación en un territorio completamente colonizado, por eso no leí la novela hasta muchos años después, pensando que no valía la pena. Tiempo después, vi la adaptación de 2013 dirigida por Kimberley Peirce, tan inferior a la de Palma. Esta otra versión, sin embargo, tuvo el efecto inesperado de liberarme en parte de la Carrie de de Palma, y creo que he conseguido descolonizar mi imaginación con mi nueva lectura de la novela de King.

          Cuando me invitaron a una mesa redonda en Festival 42, que tratará de las diversas adaptaciones de Carrie, ahora una franquicia que incluye un musical y la nueva serie de Mike Flannagan (se puede consultar la lista completa aquí), en seguida me ofrecí a hablar sobre la novela. Me uno al coro de fans frustrados que ven de nuevo a otra chica mona en el papel de Carrie (Summer H. Howell en la serie de Flanagan) cuando la trama de la novela depende del hecho de que esta adolescente es acosada sin piedad en parte porque no es atractiva y en parte porque su fanática madre la ha convertido en un bicho raro. No obstante, en esta nueva lectura me he percatado de que había pasado por alto cómo King trata a Carrie como una especie de patito feo, así que voy a mostrar aquí cómo la presenta en la novela, en un ejercicio de lectura básica detallada.

          Un malentendido que quiero corregir es que Carrie no es realmente (o únicamente) una novela de terror, sino ciencia ficción. Para empezar, la trama se desarrolla en 1979, cinco años después de la publicación de la novela, lo cual resulta como mínimo extraño (Carrie, nacida el 21 de septiembre de 1963, tiene dieciséis años el 27 de mayo de 1979, cuando destruye su ciudad natal). Carietta White (ese es su nombre completo) porta un gen, transmitido tanto por su difunto padre como por su madre, que le otorga poderes telequinéticos de una altísima magnitud. Leyendo el resumen de Wikipedia y otros, se podría pensar que Carrie es una narrativa directo tipo superventas, pero en realidad está estructurada como una narrativa entrelazada con muchos extractos de los artículos académicos y los libros publicados tras los hechos, de modo que pronto se anuncia la masacre que Carrie provoca entre sus conciudadanos de Maine y lo que se explora en la novela son sus causas.

En una cita de uno de estos libros, se dice que la telequinesis de Carrie “puede ser de naturaleza glandular”, en absoluto sobrenatural y mucho menos satánica como cree firmemente la señora White. Su brutal maltrato hacia su hija contribuye a la tragedia, al alimentar la creciente ira que Carrie acumula en los casi diecisiete años en los que es simultáneamente acosada en casa y en la escuela. La primera menstruación de Carrie, que es muy tardía, no desencadena el inicio de su telequinesis, como se suele decir, sino su capacidad para controlarla mediante un proceso de exigente autoentrenamiento. Estoy 100% segura de que King, gran fan de Shirley Jackson, tomó prestado de La maldición de Hill House el episodio en el que Carrie, entonces de tres años, queda tan asustada ante la histérica reacción de su madre porque ha visto a una jovencísima vecina en bikini (estamos en 1969) que hace que piedras y ladrillos lluevan sobre su casa. El episodio recuerda a lo que hace la niña Nell en la novela de Jackson cuando su padre muere.

          Estoy promoviendo la idea de que los escritores son los diseñadores visuales de sus novelas en lo que llamamos construcción de mundos o worldbuilding (en referencia a la ficción especulativa). King ocupa un territorio peculiar porque es su costumbre situar su ficción en lugares perfectamente reconocibles, incluso cuando son inventados. A menudo elige su estado natal, Maine, para sus localizaciones, aunque también ha utilizado otros estados (por ejemplo, Colorado en El resplandor). King supone con razón que el terror es mucho más intenso si sentimos, como lectores, que los personajes habitan un lugar cercano a la realidad, en lo que sigue la estela de Mary Shelley, R.L. Stevenson y Bram Stoker. King añade al talento de sus predecesores góticos su propio talento para observar la vida cotidiana, sin necesidad de tétricos laboratorios o castillos exóticos. Esto significa que su pequeño pueblo de Chamberlain es totalmente mimético y creíble, desde su instituto Ewen hasta la casa de las White, con sus figuras religiosas de plástico y el armario empotrado donde la señora White encierra a su hija cada vez que cree que ha pecado, que es todo el tiempo.

           Aquí está Carrie, vista por primera vez desnuda en las duchas que comparte con sus compañeras tras la clase de educación física: “Carrie destacaba entre ellas impávida, como una rana entre cisnes. Era una chica rechoncha con granos en el cuello, la espalda y las nalgas. El cabello mojado sin color alguno descansaba contra su cara húmedo y desanimado, y ahí estaba ella, de pie, con la cabeza ligeramente inclinada, dejando que el agua salpicara su carne y corriera. Tenía pinta de chivo expiatorio, era constante objeto de bromas, la que creía que había llaves inglesas para zurdos, la que metía siempre la pata, esa era ella.” Cuando las otras chicas le lanzan tampones y compresas, burlándose porque Carrie cree que se está desangrando, sin entender que está menstruando, ella “Miró a su alrededor con expresión bovina. Su pelo se pegaba a las mejillas en forma de casco curvo. Había un manojo de granos en un hombro. A sus dieciséis años, el escurridizo sello del dolor ya estaba claramente marcado en sus ojos.” Carrie, siempre sudorosa, propensa a soltar mocos verdes cuando llora, vestida con prendas anticuadas que ella misma confecciona, es torpe, tímida, nerviosa y cae mal.

          Esta no es quien Carrie solía ser de niña. Su vecina Stella Horan (la niña del bikini) la recuerda así: “Era tan mona, con las mejillas rosadas y los ojos marrones brillantes, y su pelo del tono rubio que sabes que se oscurecerá y se volverá apagado. Dulce es la única palabra que encaja. Dulce, brillante e inocente. La enfermedad de su madre no la había afectado mucho, aún no.” Focalizando a través de la propia Carrie, el narrador la describe como una chica que ha perdido su buena figura por culpa de la ansiedad: “Era ancha de cintura solo porque a veces se sentía tan miserable, vacía y aburrida, que la única forma de llenar ese vacío sibilante era comer y comer y comer—pero no era muy ancha” (cursiva original). Carrie es curvilínea, no gorda, y tiene buenas piernas. Si tan solo comiera menos chocolate, se arreglara el pelo, se comprara “pantis y medias azules y verdes” y se vistiera con las “faldas y vestidos cortos de los patrones de Butterick y Simplicity”, podría verse bien y sentirse viva, según reflexiona. Carrie, afirma el narrador, odiaba sobre todo “su cara apagada y estúpida y bovina, los ojos vacíos, los granos rojos y brillantes, los nidos de puntos negros.” Fijaros en la repetición de ‘bovino’ en la descripción de la chica.

          Sintiendo mucha culpa y vergüenza por su participación en el maltrato contra Carrie, Sue Snell le pide a su guapo novio, el buenazo de Tommy, que invite a Carrie al baile de fin de curso (al que Sue no irá para sí hacer penitencia). Lo que el chico ve al acercarse a Carrie nos sorprende tanto a nosotros como a él. Al prestarle atención por primera vez, Tommy se da cuenta de que Carrie está “lejos de ser repulsiva. Su rostro era redondo en lugar de ovalado, y los ojos tan oscuros que parecían proyectar sombras por debajo, como moratones. Su pelo era rubio oscuro, algo fibroso, recogido en un moño que no le quedaba bien. Los labios eran carnosos, casi exuberantes, los dientes naturalmente blancos. Su cuerpo era difícil de apreciar. Un jersey holgado ocultaba sus pechos salvo por unos pequeños bultos. La falda era colorida, pero al mismo tiempo horrible: caía hasta un dobladillo a media pierna estilo 1958 y seguía un corte en línea A extraño y torpe. Las pantorrillas eran fuertes y redondeadas (el intento de ocultarlas con calcetines jaspeados era extraño e infructuoso) y atractivas.” Como se puede ver, Carrie, que podría ser una especie de Betty la Fea, está aquí más cerca de la cantante Billie Eilish (¡excepto por los ojos claros y el pelo teñido!) que de cualquiera de las actrices que la han interpretado hasta ahora.

          No hay espejos de cuerpo entero en la casa de Carrie, ya que su madre aborrece la vanidad, de modo que la chica no sabe realmente cómo es de pies a cabeza (salvo por su reflejo borroso en la ventana). Para el baile, se hace un vestido largo de terciopelo rojo. La falda, observa el narrador, “era holgada, pero la cintura era ceñida, el material rico y su tacto desconocido para su piel, que solo estaba acostumbrada al algodón y la lana. Tenía una buena caída, según parecía—o la tendría con los zapatos nuevos.” Cuando Tommy aparece a recogerla, se queda atónito; cuando ella al fin le pregunta tímidamente “¿Te gusto?” él responde: “Eres hermosa.” El narrador añade: “Lo era.” Ya en el salón de baile (el gimnasio del instituto), su compañera de clase Norma queda entusiasmada (en mayúsculas… ) con su aspecto: “Pareces tan DIFERENTE” (…) “Estás absolutamente RADIANTE. ¿Cuál es tu SECRETO?” Cuando Carrie ve los tronos del Rey y la Reina del baile y afirma que son hermosos, Tommy insiste de nuevo: “Tú eres hermosa” (énfasis original). La profesora de educación física, la señorita Desjardin, usa las mismas palabras, también atónita por la transformación de Carrie. Cabe destacar que ninguno de los dos personajes dice “te ves hermosa”; ambos dicen que la chica es hermosa, de un modo que la vincula con Cenicienta y, quizás, con Eliza Doolittle.

          La nueva belleza de Carrie es destruida sin piedad por el ataque que su principal acosadora, Chris, y su violento novio de baja ralea perpetran, al verter dos cubos de sangre de cerdo sobre ella (y Tommy) cuando la votación amañada los corona Reina y Rey. En la película de de Palma, Sissy Spacek vestía un sencillo vestido blanco de satén que, a mi parecer, lleva una carga simbólica más rica que el vestido de terciopelo rojo de King y, además, ayuda a visualizar mejor la horrible metamorfosis. En la novela, King utiliza un comentario racista para describir a Carrie tras el ataque, pues solo sus ojos no son rojos, y el narrador ve en eso un parecido con el cantante judío Eddie Cantor, que solía maquillarse simulando ser negro, “haciendo que resaltaran sus ojos muy abiertos”. Eso, recuerda un superviviente, “fue lo que hizo reír a la gente. No pudimos evitarlo. Era una de esas cosas de las que te ríes o te vuelves loco. Carrie había sido el blanco de todas las bromas durante tanto tiempo, y todos sentíamos que formábamos parte de algo especial esa noche. Era como si estuviéramos viendo a una persona reincorporarse a la raza humana, y yo, por mi parte, di gracias al Señor por ello. Y eso ocurrió. Ese horror” (énfasis original).

          Casi tres horas después, tras desatar Carrie una ola de violencia con sus poderes telequinéticos por toda la ciudad que causa 409 muertes, con 49 personas desaparecidas, Sue finalmente la encuentra tirada en el suelo de un aparcamiento (en la película de 1976, Carrie muere cuando, tras asesinar a su madre, hace que su casa se derrumbe sobre ambas). La hermosa chica ha desaparecido: “Su cuerpo parecía haberse retorcido, quedando encogido, como si fuera una vieja. El vestido estaba hecho jirones y trizas, y la sangre de cerdo había empezado a coagularse en tiras. Tenía una mancha de grasa en la frente y ambas rodillas estaban raspadas y con aspecto de estar en carne viva. (…) Sus ojos brillaban de un modo sobrenatural, como si fueran los de un halcón, pero su boca temblaba.” Carrie le transmite telepáticamente a Sue las muchas imágenes de su sufrimiento y su ira, preguntándose, antes de morir, por qué todos la habían martirizado. El informe de la autopsia determina que Carrie muere de una hemorragia (su madre le ha clavado un cuchillo en el hombro), shock, oclusión coronaria y posible trombosis también coronaria, sin mencionar su grave quemadura en el pecho. El corazón de Carrie, en resumen, estalla porque, en su intento de vengarse de todo el pueblo por su acoso, lleva sus poderes demasiado lejos. La autopsia también revela “CIERTAS FORMACIONES INUSUALES EN EL TELENCÉFALO Y EL CEREBELO DEL CEREBRO” (texto original en mayúscula), quizás la sede de su telequinesis.           Esta Carrie no es la Carrie que he visto en las películas. Es la Carrie de King, pero también es la mía, ya que he luchado por borrar las imágenes que habían colonizado mi imaginación. Se puede hacer, aunque ayuda que no haya visto las adaptaciones desde hace mucho tiempo, y que esta sea mi segunda (o tercera, no sé) lectura de la novela. Debo aceptar que Carrie era muy mona de niña y que es una joven hermosa, si se sabe cómo mirarla y verla. Sin embargo, también es importante aceptar que su yo adolescente no es el de una chica mona sino el de una persona acosada de mal aspecto, con un acné excesivo y sobrepeso. Necesito pensar si el tópico del patito feo ayuda a King a enviar su mensaje antiacoso. Si quiso decir que los matones están ciegos ante la realidad de las personas a las que victimizan, acepto que Carrie sea hermosa, aunque sigo teniendo mis dudas, pensando en las víctimas de acoso familiar y escolar que nunca serán hermosos cisnes. Abro debate…