El departamento universitario para el que trabajo, el Departamento de Filología Inglesa y de Germanística de la UAB, está muy confundido respecto a su propia historia: es decir, no sabemos de dónde venimos. Hasta ahora no nos hemos molestado en llevar un registro de nuestros eventos principales ni de su progresión cronológica, y no sé si somos típicos o atípicos en esto. La Universitat Autònoma de Barcelona fue fundada el 6 de junio de 1968 y la Facultat de Filosofia i Lletres el 27 de julio de ese mismo año. Sin embargo, no hay información en internet sobre cuándo se fundó el Departamento y profundizar implica molestar a varias personas que podrían o no tener la información relevante. Esto es preocupante. Una nueva profesora emérita ha prometido que nos hará de detective e historiadora, pero ya veremos, ya que sigue muy activa en investigación.
Me convertí en estudiante de la UAB en septiembre de 1986 y entonces supe que el Departamento formaba parte originalmente de la EUTI (Escuela Universitaria de Traducción e Interpretación), que ahora es la Facultad de Traducción. A principios de los años 80, el Departamento de Filología Inglesa y de Germanística pasó a formar parte de la Facultat de Filosofia i Lletres. La legislación aprobada en 1983 (Ley de Reforma Universitaria o LRU) reguló las antiguas cátedras e introdujo los departamentos, supongo que imitando a las universidades angloamericanas. Antes de eso, los catedráticos tenían control total sobre la financiación de sus áreas y sobre las personas empleadas para impartir las asignaturas correspondientes.
Se trataba de un sistema piramidal y jerárquico, y supongo que la transición hacia un sistema más democrático y gerencial debió ser muy dura, especialmente considerando que puso fin a la intervención directa del Estado en las universidades, convertidas en entes autónomos por el decreto de 1983 (aprobado por el Gobierno Socialista de Felipe González). Mi universidad fue, de hecho, junto con la propia Autónoma de Madrid, un experimento temprano de ese tipo. La tesis doctoral de Leonardo Sánchez Ferrer, Políticas de reforma universitaria en España: 1983-1993 (1996), de la Autónoma de Madrid, demuestra que el despliegue de los nuevos departamentos encontró una serie de obstáculos importantes, e intuyo que estos provenían principalmente de catedráticos de viejo cuño que no querían perder su poder. Estoy empezando a entender algunas cosas en mi propio Departamento.
Escribo sobre todo esto porque la semana pasada, en la reunión final de Departamento de este curso académico, se anunció que la ley aprobada en 2023 (LOSU, Ley Orgánica del Sistema Universitario) obliga a las universidades a reducir el número de departamentos, en principio para minimizar los gastos relacionados con su gestión, aunque que se consiga es harto dudoso. En nuestro caso, parece que podríamos fusionarnos en un único Departamento de Lenguas y Literaturas Modernas, junto con francés, español y catalán. No es ninguna sorpresa, ya que nuestras unidades administrativas se fusionaron hace unos años. Sin embargo, la nueva legislación llega en un momento en que los departamentos de la UAB existen desde hace décadas y después de que los diversos responsables hayan hecho grandes esfuerzos por consolidar sus identidades. Esta nueva medida legal ha sido recibida con muy poco entusiasmo y, en el caso del Departamento de Filología Catalana, con la amenaza de una revuelta abierta, por evidentes razones nacionalistas.
En un proceso similar, la Universitat de Barcelona decidió hace unos años mantener los departamentos de Filología Catalana i Lingüística General y de Filologia Hispànica, Teoria de la Literatura i Comunicació, mientras creaba una criatura Frankensteiniana llamada Departament de Literatures Modernes i Estudis Anglesos, que reúne secciones de estudios en idiomas eslavos, francés, italiano, gallego, portugués, alemán e inglés. Siendo mucho más grande que los demás, el Departamento de Estudios Ingleses obligó a UB a incluir su nombre en el nuevo macro departamento antes de pasar formalmente a ser una sección.
En UAB solo tenemos un Departamento de Francés, que perdió su título de Grado hace unos años, tras intentar mantenerlo vivo junto con la UB. Los profesores de francés de la UAB trabajan principalmente en el Grado combinado de Estudios Ingleses y Franceses, y en la Facultat de Traducció, a la que aparentemente quieren unirse. No se ha contratado a ningún asociado ni se ke ha dado plaza fija nadie desde la pérdida del título, lo que significa que cuando el personal actual se jubile, en un máximo de diez años, el Departamento de Francés desaparecerá. A menos que se pierda en la supuesta fusión con otros departamentos de idiomas modernos, quizá con mi Departamento.
En resumen, los departamentos mueren de dos maneras (o tres, si contemplamos una reducción repentina de fondos). Un departamento puede desaparecer gradualmente cuando las titulaciones que ofrece se suprimen por falta de demanda y el personal finalmente se jubila, o puede fusionarse con una unidad más grande. El Departamento de Filología Francesa está a punto de pasar por ambos procesos simultáneamente, mientras que nosotros, pese a ser un componente muy sólido de la oferta de titulaciones de la Facultad, podríamos dejar de ser una unidad independiente.
O no. De hecho, la ley establece fusiones pero ofrece la posibilidad de establecer secciones con su propio director dentro de la estructura administrativa del nuevo departamento. Ni mis compañeros, ni yo, entendemos cómo este invento de las secciones hace que la gestión salga más barata. Aún no está claro, además, cómo se elegirán los directores de los departamentos de nuevo estilo, ni quién tendrá derecho a votar en los consejos. Lo que está en juego no es solo una cuestión de identidad o coherencia académica, sino de empleos. Todos temen que las decisiones sobre las plazas asignadas a su sección las tomen personas ajenas, y esta es, sin duda, una preocupación primordial.
Hay un asunto relacionado con todo esto que quería mencionar hoy. Otorgamos anualmente un premio a los mejores trabajos de fin de Grado en cada área, Lengua y Lingüística, y Literatura y Cultura. Cuando empezamos a dar estos premios (no recuerdo exactamente cuándo), decidimos honrar con ellos a dos miembros de nuestra plantilla que perdimos demasiado pronto, respectivamente, Mia Victori y Guillermina Cenoz. Mia falleció hace quince años, cuando solo tenía 45, y Guillermina hace unos veinte años, cuando tenía 63. Este año me pidieron improvisar un breve discurso para la ceremonia de entrega de premios sobre quiénes eran porque la coordinadora del TFG es una profesora más joven que, además, viene de otra universidad y no conocía a ninguna de las dos.
Cuando miré al público, me di cuenta de que era de las pocas personas en la sala que recordaba a Mia y Guillermina, y lo dije, sintiéndome bastante desanimada de que fuera así. Cada una en su estilo, Mia y Guillermina tuvieron una influencia muy positiva en nuestro Departamento: Mia con su compromiso y pasión como investigadora (su área era la Lingüística Aplicada) y su afabilidad; Guillermina con su infinita amabilidad y cualidades para la mentoría (ella fue quien introdujo el estudio del teatro y del relato en nuestro Departamento). La pregunta clave es ¿quiénes somos como colectivo si no podemos recordar a las personas que hemos perdido? Somos lo suficientemente jóvenes como departamento para poder recordarlos a todos, pero al mismo tiempo me di cuenta durante la entrega de premios de que recientemente hemos experimentado un cambio generacional de peso, con bastante personal procedente de otras universidades, que debe abordarse. Con urgencia, antes de que nos fusionen con otros departamentos y nos degraden a mera sección.
Se podría pensar que quizás soy la persona más adecuada para escribir una historia del Departamento, ya que estoy tan interesada en este tema y además he alcanzado ya la venerable edad de 60 años. Encima llevo vinculada al Departamento, como estudiante y profesora, 40 años. Sin embargo, he decidido no ofrecerme como voluntaria porque hay una parte de esa historia que, si se cuenta con sinceridad, podría resultar demasiado dolorosa. Hace unos días me vi después de muchos años con una amiga del instituto. Cuando le describí cómo se gestionaba el Departamento en la etapa cuando me convertí en profesora, me preguntó si había hecho algo para mejorarlo. Me enorgullece decir que sí, pero lo que viví no puede integrarse en una versión ‘oficial’ de la historia del Departamento, por eso nunca la escribiré. Todo esto es tema para entradas que aún no estoy lista para escribir, pero que sé que tendré que escribir algún día.
Los departamentos nacieron en España en 1983 y la LOSU decretó cincuenta años después que algunos deben morir para renacer como simples secciones. Ya veremos cómo afrontamos este paso. Esta transición y los cambios generacionales hacen imprescindible empezar a escribir nuestras historias, aunque me pregunto quiénes serían los mejores historiadores. Yo no, desde luego, aunque hoy he disfrutado aprendiendo un poco sobre de dónde vienen nuestros departamentos… antes de que se vayan para siempre.