El capitalismo tecnológico ha inspirado una avalancha de publicaciones que no muestra señales de disminuir. No puedo considerarme un experta en el tema, que sigo como profana muy preocupada a través de las noticias y las redes sociales, pero recientemente he leído dos libros (unas memorias, un ensayo) que forman una especie de trilogía accidental con una novela que leí hace años.
Quiero recomendar esta trilogía aquí (no necesariamente reseñarla). Me refiero a la novela The Circle (2013) de Dave Eggers, las memorias de Sarah Wynn-Williams Careless People: A Story of Where I Used to Work [Los irresponsables: Una historia de poder, codicia y falso idealismo] (2025) y al ensayo de Cory Doctorow Enshittification: Why Everything Suddenly Got Worse and What to Do About It [Mierdificación: Qué hacer ante la apropiación de Internet por las grandes tecnologías] (2025). Los tres juntos podrían ser la base para un atractivo seminario sobre el capitalismo tecnológico pre-IA, quizás incluso una asignatura semestral, aunque no me imagino muy bien cómo encajarían con el grado y máster en los que trabajo. Hace años enseñé una asignatura sobre la crítica contra la globalización bajo el paraguas de nuestra optativa de Estudios Culturales, así que quizás tengo margen. Leímos entonces libros como No Logo de Naomi Klein, Nickle and Dimed de Barbara Ehrenreich o Fast-Food Nation de Eric Schlosser, y fue un gran descanso abandonar la enseñanza estricta de Literatura, sin dejar los Estudios Ingleses.
Siempre me ha parecido un poco sospechoso que la novela de Eggers El Círculo no sea un clásico moderno, dado su carácter orwelliano tan aterrador y preciso. Tuvo suficiente éxito como para inspirar una adaptación cinematográfica dirigida por James Ponsoldt, estrenada en 2017, con Emma Watson y Tom Hanks, que fue universalmente criticada (con bastante injusticia en mi opinión). El consenso general fue que la película no abordó con suficiente seriedad los temas que plantea la novela, aunque se la había encontrado deficiente por ser obra de un autor supuestamente mal informado sobre el funcionamiento interno de las empresas tecnológicas.
La novela de Eggers narra el descenso de la joven Mae Holland a los oscuros escalafones internos de la empresa tecnológica a la que se une como entusiasta recién llegada. Esta empresa se llama simplemente The Circle, y podría ser cualquiera de las corporaciones tecnológicas estadounidenses: Facebook/Meta (que incluye Instagram y Whatsapp), Google, Amazon, Apple, Twitter/X. Quizá el problema de la novela de Eggers sea que no puede clasificarse fácilmente: es ciencia ficción distópica ambientada en el presente, con toques de thriller, pero es, sobre todo, una cruda presentación de cómo la moralidad de una persona puede ser engullida por el nauseabundo enfoque sobre la privacidad que mantienen los CEOs tecnológicos. En la secuela The Every (2021), la propia Mae es la nueva CEO de un gigante aún mayor (el del título), que parece incluir a Google y Amazon. Reconozco que es una obra menos lograda, pero sigue siendo una de las pocas novelas que presta atención a las fuerzas que moldean nuestra realidad diaria.
En El Círculo, la mejor amiga de Mae y compañera de piso en la universidad, Annie, la ayuda a conseguir un trabajo de primer nivel en la empresa, atendiendo a clientes. Annie forma parte del círculo exclusivo de 40 personas que dirigen la empresa, fundada por los ‘Tres Reyes Magos’: Eamon Bailey (la cara pública amable pero un fascista de corazón), Ty Gospodinov (el brillante cerebro) y Tom Stenton (el despiadado capitalista). El producto estrella del Círculo es SeeChange, una cámara ligera portátil montada en un pin que proporciona transmisión de vídeo en tiempo real a los seguidores de quien la lleva.
Las cámaras SeeChange quedan asociadas a la transparencia y gradualmente invaden la privacidad de las personas, incluida Mae. Decidida a hacer méritos, ella usa SeeChange todo el tiempo, obliga a sus padres a aceptar la cámara en su casa a cambio de la atención sanitaria que necesitan y, en última instancia, causa la muerte de una persona importante en su vida. Mae acaba abrazando el credo de que “los secretos son mentiras, compartir es cuidar, la privacidad es un robo.” Un segundo producto, PastPerfect, saca a la luz aspectos problemáticos en la familia de Annie que la llevan a acabar en coma, una tragedia que lleva a la ya casi villana Mae a soñar con poder acceder a los cerebros de las personas. Sin embargo, en lugar de recibir su merecido, Mae acaba traicionando los esfuerzos de su amante por destruir el Círculo.
La antigua empleada de Facebook Kate Losse acusó a Eggers de plagiar sus memorias The Boy Kings: A Journey into the Heart of the Social Network (2013), que él negó haber leído. Este libro parece ser el primero de un subgénero de memorias anti-Facebook escritas por exempleados tales como Chaos Monkeys: Obscene Fortune and Random Failure in Silicon Valley (2016) de Antonio García Martínez, An Ugly Truth: Inside Facebook’s Battle for Domination (2021) de Sheera Frenkel y Cecilia Kang, y Broken Code: Inside Facebook and the Fight to Expose Its Toxic Secrets (2023) de Jeff Horwitz. El volumen de la ex directora de operaciones Sheryl Sandberg Lean In: Women, Work, and the Will to Lead [Vayamos adelante: Las mujeres, el trabajo y la voluntad de liderar] (2013) es lo contrario: un volumen de propaganda abiertamente pro-Facebook. Quienes lo han leído (no es mi caso) afirman que contrasta del todo con el de Wynn-William Careless People. Por cierto, este título proviene de uno de los pasajes más famosos de la novela de Fitzgerald El Gran Gatsby (1925): “Eran personas descuidadas, Tom y Daisy—destrozaban cosas y criaturas y luego se refugiaban en su dinero o en su enorme descuido, o lo que fuera que los mantenía unidos, y dejaban que otros limpiaran el desastre que habían causado.”
Wynn-Williams está actualmente luchando contra una orden de arbitraje por la que Facebook ha conseguido acallarla, de modo que no puede promocionar su libro de ninguna manera. Fue noticia en junio pasado cuando su presencia totalmente silenciosa en una mesa redonda en el Festival Hay hizo que las ventas de sus memorias se dispararan (un clásico efecto Streisand). Que Zuckerberg esté preocupado por Wynn-Williams hasta ese punto certifica que ella cuenta la verdad. Sin embargo, debo aclarar primero que su propia postura es, como mínimo, controvertida. Wynn-Williams, abogada y diplomática nacida en Nueva Zelanda, logró convencer a Sandberg de que Facebook necesitaba un asesor político a principios de los años 2010, cuando la empresa (lanzada en 2004) estaba lejos de entender su propio poder.
Como Directora de Políticas Públicas de Facebook (2011-17), Wynn-Williams fue fundamental para transformar a Zuckerberg en una figura pública indispensable de enorme importancia política, construyendo relaciones públicas internacionales que él era totalmente incapaz de establecer. Wynn-William se fue horrorizando progresivamente por las consecuencias que la combinación del mal uso de Facebook por parte de usuarios descontrolados y la actitud despreocupada de la empresa hacia posts incendiarios y manipuladores tuvo para países como Myanmar y otros, incluidos los Estados Unidos. Sin embargo, ella no denunció públicamente lo que estaba sucediendo ni renunció a su empleo. De hecho, fue despedida cuando sus acusaciones de acoso sexual se volvieron demasiado molestas para Facebook.
Wynn-Williams pinta un retrato muy sombrío de la cultura corporativa en Facebook. Esta se presenta como producto de una camarilla compuesta en su mayoría por antiguos alumnos de Harvard que dirigen la empresa, y gran parte del mundo, con un punto de vista totalmente falto de empatía ya rozando la psicopatología que es además profundamente misógino. Wynn-Williams entra en terrenos que Eggers nunca considera en The Circle, tales como la pesadilla de combinar la maternidad con una carrera en una empresa tecnológica de alto rendimiento, el acoso sexual por parte de jefes poderosos (tanto hombres como mujeres) y la falta de apoyo mutuo. Sin embargo, la parte más personal de las memorias nunca es tan aterradora como la revelación de que Facebook ha sido gestionado de forma más aleatoria y caótica de lo que se podría suponer dada su enorme presencia.
En esencia, afirma Wynn-Williams, Zuckerberg lanzó una herramienta muy poderosa para la interacción humana sin la menor idea de cómo podría ser utilizada para fines nefarios (aunque siempre ha habido rumores de que la CIA, uno de los supuestos patrocinadores de Facebook, sí lo sabía). Una vez que Wynn-Williams enseñó a Zuckerberg cómo funciona la política mundial, él aprovechó al máximo la corrupción moral que Facebook ya estaba generando para empoderarse. Hay un episodio en el que Wynn-Williams consigue para su jefe un papel protagonista en una reunión internacional de presidentes, pero ella misma no se da cuenta de lo obsceno que es todo eso. Wynn-Williams se muestra muy escandalizada por cómo Facebook buscó alianzas con China. Con todo, parece obvio que lo que inquieta a Zuckerberg es el relato que Wynn-Williams ofrece sobre cómo Facebook impuso a sus usuarios tácticas de vigilancia y manipulación total en todo el mundo, sin considerar sus derechos, para beneficiar a sus accionistas. Siempre se ha sabido, pero ella aporta pruebas.
Este es, precisamente, el proceso descrito por el autor canadiense y activista antitecnología Cory Doctorow en su ensayo superventas Enshittification: Why Suddenly Everything Got Worse and What to Have To It. Doctorow no originó el concepto ‘mierdificación’, que circulaba desde 2013, pero impulsó su popularidad a través de su blog a partir de 2022. La mierdificación, o ‘decadencia de plataforma’, es un proceso de degradación del servicio mediante el cual los vendedores online atraen a sus usuarios. Inicialmente les ofrecen productos de calidad a bajo coste solo para empezar a degradar estos mismos productos y así complacer a los anunciantes y, en última instancia, a los accionistas.
Por ejemplo, Doctorow explica cómo Google decidió socavar la calidad de sus búsquedas para que los usuarios tuvieran que hacer varias antes de alcanzar el resultado adecuado. A lo largo de esas búsquedas improductivas, los usuarios son bombardeados con muchos más anuncios que si la búsqueda hubiera funcionado a la primera. En otro ejemplo revelador, Doctorow explica que Amazon prioriza en las búsquedas que hacen sus clientes productos de baja calidad cuyos fabricantes han pagado para que destaquen, relegando al final de la página las opciones de mayor calidad que no han pagado. Facebook o X, que antes ofrecían herramientas para crear conexiones personales y comunidad, ahora son plataformas dominadas por los intereses de sus accionistas, que buscan monetizar la interacción de los usuarios mediante anuncios y mediante controversias que generan manipulación interesada. Así que sí, todas las plataformas han sido degradadas por este proceso de mierdificación y, dado que toda nuestra economía y vida social depende de ellas, la vida misma ha sido mierdificada.
Internet es en el siglo XXI un lugar terrible en comparación con la promesa que ofrecía internet a finales del siglo XX como dominio digital para construir comunidad y relaciones personales aparte de la codiciosa economía capitalista. Internet ha sido absorbido por un puñado de plataformas centradas en Estados Unidos que han degradado nuestras vidas y están dañando la salud mental de las generaciones más jóvenes. No demonizo internet, que ha cambiado nuestras vidas para bien en muchos sentidos, sino la oligarquía tecnológica patriarcal y masculinista que la ha destruido para su propio beneficio y para complacer a sus amorales sino inmorales accionistas. En comparación, los tiempos de los grandes capitalistas monopolistas de finales del siglo XIX y principios del XX parecen una era dorada perdida.
Sabiendo que es inútil intentar persuadir a los usuarios para que abandonen plataformas y servicios a los que son adictos, Doctorow pide a los gobiernos que pongan fin a los enormes monopolios que dominan el mundo digital para evitar que los billonarios puedan destruir nuestro mundo. Con el auge de la IA, el capitalismo tecnológico ha adquirido un matiz peligroso nunca visto desde los peores días de la Guerra Fría y sus muchas alarmas nucleares. Puede que estemos literalmente a punto de sacrificar la vida humana a una forma de mierdificación tan intensa que quienes la han desatado sobre nosotros no pueden ya controlarla. Quedáis advertidos. Ahora toca leer muchísimo sobre estos temas, aprender, estar alerta. Y pelear contra su influjo.