José de Torres (1670-1738)

El tratado Reglas generales de acompañar, en organo, clavicordio, y harpa de José de Torres, es un texto didáctico-práctico publicado en 1702, en el que se contienen las primeras instrucciones para la interpretación del bajo continuo, de influencia italiana. El tratado fue reeditado en 1736, con un nuevo libro dedicado al estilo italiano, y el Arte de Canto Llano de Francisco de Montanos. En el libro de 1702 se expresa contenido relevante acerca del funcionamiento del cuerpo y los afectos.
José de Torres fue un influyente compositor del barroco español. Desde 1688 ejerció como organista de la Capilla Real, y obtuvo la plaza como maestro de música en el Colegio de Niños Cantores. Fue asumiendo labores de composición hasta que en 1716 ascendió a primer organista, y en 1720 fue nombrado maestro titular de la Capilla Real y rector del Real Colegio de Niños Cantores. Fue muy reconocido en España por su habilidad contrapuntistica, y además su obra fue también conocida en Portugal, Italia y Gran Bretaña. Además de continuar y desarrollar la tradición contrapuntistica española, incorporó elementos del estilo italiano. Aunque centrado en el repertorio litúrgico, también compuso música teatral, como ejemplifica su zarzuela El imposible mayor en amor, le vence amor.
A estas alturas no nos debe sorprender, que en la introducción del Tratado Tercero, «en donde se enseña el modo de acomañar, usando de todas las especies falsas, assi en ligadura, como fuera de ella» (fol. 66), el autor abra con una descripción del funcionamiento del cuerpo humano. En este tratado del libro, Jose de Torres expone «el capitèl dde la Obra, y Fabrica, que ofrecì, descubriendose en este vltimo Tratado el Metodo mas clasico, scientifico, y primoroso que ay de acompañar». Pero para explicar este contenido, considera relevante exponer primero la teoría humoral:
Toda la salud del hombre, consiste en la vnion de quatro diferentes humores, sangre, colera, flema, y melancolìa, y de estos opuestos, y vnidos resulta la sanidad, y de sus dissonantes calidades se integra la salud (Cicer tusculan. 1.) Cicero dixo, que esta voz concordia no se deriba, como pensaron muchos de varias cuerdas distintas, y de opuestos sonidos al temple perfecto de vn punto, llamandose por esta vnion concordes, porque concordavan al punto mismo sus consonas dissonancias, sino se llamava concordia por el corazon: Alijs cor ipsum animus videtur, ex quo excordes, vecordes concordes, quae dicuntur. Y yo dixera, que assi como el coraçon es principio de la vida, y reparte alientos, y espiritus à todos los miembros del cuerpo, pacificando los humores mas contrarios, y de calidades mas distintas, fabricando de su oposicion su amistad; y de su dissonancia su armonica vnion, assi en la variedad de sones, y especies consonas, y dissonas, y falsas, consiste todo el primoroso artificio Musico, y para lograrlo el estudioso con facilidad, pondrè demostrados todos los baxos, ò acompañamientos en que se pueden executar, como todas las demàs noticias, y observaciones, que se deben tener promptas, para el vltimo complemento, y perfecta adquisicion de esta nobilissima facultad de la tierra, ensayo del exercicio de los bienaventurados del Cielo.
Aquí se deja ver que José de Torres entiende el trabajo del músico es, al igual que el del corazón es poner en equilibrio los humores, crear consonancia donde hay disonancia. Aunque el autor desmiente la falsa atribución etimológica de «concordia» a la palabra «cuerda», afirmando que «concordia» responde a «corazón», crea un simil entre el comportamiento del corazón y el del músico, dando a entender que la música tiene un estrecho enlace con el cuerpo humano, por lo que el estudioso de ella necesita conocer sus funcionamientos.
También reconoce el poder de la música para mover los afectos el censor del tratado, Doctor Don Juan Diaz Llantaròn («Presbitero del Oratorio de San Phelipe Neri de esta Corte, y Examinador Synodal del Arçobispado de Toledo»), como queda constatado en la aprobación (s.n. 3r). Tras alabar al autor de la obra, advierte que es preciso hacer un correcto y católico uso de los efectos emocionales de la música. Así lo expresa en el siguiente pasaje (s.n. 4r / 4v).
Todos los afectos del animo racional, tienen cierta simpatica afeccion con los diversos modos, y metodos de Musica, y se excitan con su variacion en su oculta familiaridad à los afectos que mueven, yà de gozo, y dilatacion, yà de pena, y tristeza, yà de interior suspension, y abstraccion de los sentidos (···).
Poderosa eficacia, la que logra la consonancia de la voz, è instrumentos en el corazon, acomodandose al genio, y moviendole con su oculta correspondencia à los afectos predominantes (···).
Como atraherà la Musica perfecta de voz, è instrumentos al racional para que, ò se derrita con su dulce suavidad en el Divino amor: Exultemus Domino, iubilemus Deo. O se irrite consigo en el marcial campo de su corazon debelando sus torpes afectos: Praecupemus faciem eius in confessione. O lleve las fieras passiones, y crueles apetitos à adorar reverentes à su Criador: Venite adoremus, et procidamus ante Deum. Llorando entre ayres contritos sus sangrientos estragos: Ploremus coram Domino. Y fabrique de sus endurecidas porfiadas resistencias piedras para la celestial Patria.
A todos estos afectos catolicos, y devotos mueven poderosamente las bien puestas, y executadas armonias de vozes, è instrumentos, y dando el Autor de este tratado, reglas para este fin de consonancias, mi Censura se convierte en elogio; pues no solo no contiene dicha Obra cosa alguna contra nuestra Santa Fè, y buenas costumbres, sino antes es excitativo de los humanos afectos la Fabrica armoniosa de sus sabias tareas.
