Todavía no he empezado a leer la bibliografía de mi asignatura sobre las memorias como género literario, que impartiré el año que viene, aunque tengo una bibliografía ya copiosa. El libro de G. Thomas Couser Memoir: An Introduction (Oxford UP, 2012) parece ser la lectura adecuada para comenzar. No creo, en todo caso, que las publicaciones académicas puedan ayudarme a resolver el enigma del juicio crítico, ya que la crítica académica actual tiende a evitar ese tema. Es increíble ver cómo un artículo puede diseccionar un texto en profundidad sin que el autor comente su calidad. Por contra, soy directa en mis críticas, actitud que me suele acarrear problemas con mis anónimos revisores.
La cuestión que quiero plantear es bastante simple: juzgar unas memorias es muy diferente a juzgar una novela. Cuando valoramos una novela, juzgamos la capacidad del autor como narrador de historias e inventor de personajes y tramas. En mi post anterior, argumenté que a la hora de juzgar una novela tenemos en cuenta no solo el interés de la historia y los personajes, sino también el esfuerzo realizado por el autor para explotar al máximo el potencial de estos elementos. Observé, por lo tanto, que la obra de Suzanne Collins Amanecer en la cosecha, la quinta entrega de Los Juegos del Hambre, es decepcionante porque la autora tomó el camino más fácil (repitiendo el esquema de su primera novela, Los Juegos del Hambre), en lugar de explorar otros aspectos aún inéditos del universo que ella misma creó. Leyendo esta semana el libro de RuPaul The House of Hidden Meanings: A Memoir (2024) y, encontrándolo también decepcionante, reflexiono ahora sobre cómo difiere la decepción del lector según lea novelas o memorias.
En las novelas, en las que se espera un cierto grado de ficcionalización incluso cuando son autobiográficas, la caracterización produce la ilusión de que los personajes poseen personalidad, si bien sabemos que son necesariamente construcciones incompletas. Son como esos edificios que se usan en los sets de rodaje, que son todo fachada y no esconden nada detrás. No digo que los personajes de ficción sean superficiales, sino que solo tienen la profundidad que les proporciona el autor. A nosotros, los especialistas en literatura, nos gusta mucho especular sobre la psicología y el comportamiento de los personajes, pero corremos el riesgo de sonar ridículos si vamos más allá de ciertos límites establecidos. No tiene sentido, por ejemplo, escribir un artículo sobre qué hacen los personajes en su tiempo libre, si el autor no proporciona esta información. Los personajes no son personas, y eso es lo que hay.
Por el contrario, los escritores de memorias son personas que seleccionan a qué aspectos de sus personalidades y experiencias podemos acceder como lectores. En la ficción autobiográfica, los escritores se convierten en personajes a través de un proceso similar, pero no tienen por qué ser veraces. En, por ejemplo, Los destrozos (2023), Brett Easton Ellis juega con sus lectores prestándole su propio nombre a su protagonista adolescente, aunque esto no significa que el personaje sea el propio Ellis ni que las experiencias extremas que sufre le hayan sucedido a Ellis en su juventud. Como lectores, tenemos que entender que esto es solo un juego literario. En las memorias (o autobiografías), como he señalado, la veracidad es imprescindible, aunque, por supuesto, los memorialistas pueden mentir y mienten, o pueden ser en extremo selectivos, ocultando lo que no es conveniente revelar.
De todos modos, no estoy criticando a RuPaul por ser poco sincero, por ser mendaz ni por ser demasiado selectivo, sino por no ser lo suficientemente minucioso en cuanto a la descripción de su vocación profesional (RuPaul es la drag queen más famosa del mundo). RuPaul, nacido en 1960, ya había publicado tres libros de memorias, Lettin’ It All Hang Out (1995), Workin’ It! (2010), y GuRu (2018), pero, al no haberlos leído, no puedo decir si estos volúmenes son más detallados y completos. Lo que puedo contar es que House of Hidden Meanings parece estar incompleto, lo cual es extraño viniendo de un escritor de memorias tan experimentado.
Tomo prestado del sitio web de Celadon Books una lista de los tipos de memorias existentes, advirtiendo que la distinción entre autobiografía (una memoria que cubre toda la vida del sujeto) y memoria (un texto autobiográfico que cubre principalmente un episodio importante) parece cada vez más irrelevante. Técnicamente, el texto de RuPaul es una autobiografía, pero como él lo llama memoria, esto es lo que es. Las categorías son bastante difusas, pero aquí están: memorias de transformación, memorias confesionales, memorias profesionales, memorias de celebridades y memorias de viajes. Otro sitio web, el de la Self-Publishing School, propone una lista diferente: memorias tradicionales (en realidad se refieren a la autobiografía), memorias de infancia, memorias de entrada en la edad adulta, memorias de viajes, memorias literarias, memorias culturales, memorias de inmigrantes, memorias históricas, memorias inspiradoras, memorias de supervivencia, y memorias de transformación. Echo de menos aquí las memorias de traumas, aunque en cierto sentido son asimilables a la categoría de memorias de supervivencia.
Estas listas son, por supuesto, limitadas y limitativas. El volumen de RuPaul es un libro de memorias de una persona célebre sobre cómo se hizo famosa, pero tiene elementos de muchas de las categorías mencionadas en el párrafo anterior, incluidos los recuerdos traumáticos de la infancia, cuando RuPaul fue abandonado por su padre, e incluso la escritura de viajes (uno de los primeros trabajos de RuPaul fue recoger coches de segunda mano de primera calidad por todo Estados Unidos para el negocio de su cuñado). No soy muy fan de RuPaul, lo conozco principalmente a través de las noticias. Nunca he escuchado su música, ni he visto ninguno de los programas de televisión muy populares que ha desarrollado. Esperaba que sus memorias incluyeran información detallada sobre su singular carrera profesional, una estimación del drag como fenómeno, y una reflexión sobre la comunidad drag, tanto en relación con el género como con la sexualidad. En cambio, RuPaul insiste principalmente en dos ideas: una, que, como una vidente le dijo a su madre embarazada, siempre estuvo destinado a la fama (¡la madre le dio un nombre único para facilitar su futura celebridad!) y, dos, su apariencia era tan insólita que apenas fue deseado, hasta que encontró el amor.
Repasando GoodReads, veo que no soy la única entre los lectores que tiene la impresión de que ser drag queen no fue una vocación fundamental para RuPaul, sino un medio práctico para alcanzar la fama, y que podría haberse hecho famoso a través de otras artes u oficios. No sé nada de las controversias en las que RuPaul puedo haber estado involucrado, aunque recuerdo haber leído que no es realmente un activista drag, por paradójico que parezca. Las memorias, de hecho, no dicen nada sobre ninguna asociación o movimiento drag, ni sobre la evolución del drag en los Estados Unidos. Una persona que no sabe nada de drag queens podría no entender qué es lo que hizo RuPaul para hacerse tan famoso. Es el equivalente a leer las memorias de un autor en las que se refiere a su inmenso talento sin mencionar que escribe libros; es, como poco, extraño.
También señalaré algo que me molesta un tanto en las memorias sobre el éxito profesional. El protagonista suele provenir de un entorno humilde y llega a una situación de desánimo en la que parece imposible que sus sueños se puedan cumplir. Sin embargo, ocurre un milagro que trae consigo el impulso que lanza sus carreras. En el caso de RuPaul, estaba él de vuelta en la casa de su madre en San Diego después de fracasar en su intento de conquistar Nueva York, cuando, de repente, un amigo radicado en esa ciudad lo llamó para, básicamente, ordenarle que regresara. El resto es historia. RuPaul está agradecido con ese amigo, y es lo suficientemente humilde como para presentar la suerte como un factor clave en su éxito, pero no hay reflexión alguna sobre lo que les sucede a aquellos que, siendo igualmente talentosos, nunca logran triunfar. RuPaul tiene una enorme confianza en sí mismo y cree en la profecía que anuncia su fama en todo momento, pero otros igualmente seguros de su talento han fracasado o no han sido reconocidos; sin embargo, en todas las memorias de éxito que he leído, apenas hay espacio para ellos. Esta omisión le da a este tipo de memorias una pátina de vanidad que a menudo aleja a los lectores potenciales.
Así pues, si un libro de memorias te decepciona, ¿significa que te acaba disgustando el autor? No necesariamente. En el caso que estoy analizando, mi frustración con las memorias de RuPaul proviene de mi insatisfacción con el libro, no con el autor. Quiero saber más sobre RuPaul, pero al mismo tiempo el estilo de sus memorias no me atrae como para querer leer sus otras memorias. Podría leer tal vez artículos biográficos (¡no libros!) escritos por otros, que analicen su carrera y su importante contribución a la popularización del drag. Diría que, en ese sentido, RuPaul es un escritor de memorias fracasado, aunque es un artista de primera magnitud como drag queen. Por otra parte, reconozco, por ejemplo, que sí tengo una opinión mucho mejor de Pamela Anderson después de leer sus excelentes memorias Con amor, Pamela (2023) porque destruyen muchos estereotipos sobre quién es ella.
Terminaré señalando que escribir unas memorias es extremadamente complejo, ya que hay que encontrar el equilibrio adecuado entre una buena narración y un contenido atractivo. Hay que ser valiente para exponer a la mirada pública tu vida privada, algo que los lectores siempre esperan en mayor o menor medida. Además, tienes que ser honesto sobre los aspectos menos lucidos de tu personalidad, y tienes que comunicar experiencias que deben ser comunes a otros seres humanos pero también únicas. Es mucho pedir, y es por eso que estoy tan agradecida de que tantas personas hayan publicado sus memorias. Sé que nunca escribiré las mías por pura y simple cobardía.