De forma algo precipitada, les dije a mis estudiantes de último año de grado que si alguno estaba interesado en una carrera académica, podía hablar conmigo sobre sus planes de futuro. El primer correo electrónico que he recibido indica que no necesariamente están familiarizados con el concepto de ‘carrera académica’, por lo que esta entrada está pensada como una introducción para principiantes tanto al concepto como a las etapas de dicha carrera.

          Como estudiante de licenciatura (la titulación a la que sustituyó el grado en 2009), yo misma no tenía ni idea de lo que implica realmente una carrera académica. Simplemente quería ser profesora universitaria porque sonaba más glamuroso que ser profesora de primaria o secundaria (mi plan B). Admiraba mucho a una de mis profesoras de la UAB, Guillermina Cenoz, y quería tener un trabajo como el suyo. A la larga descubrí que Guillermina no estaba realmente en activo como investigadora, pero como docente sigue siendo mi modelo. Ella intentó advertirme de que no todo era glamuroso en su profesión (que es la mía), pero yo era joven, inocente y una boba soñadora (y todavía lo soy).

          Cuando me contrataron, gracias a Guillermina, nadie me explicó qué debía hacer como profesora-investigadora doctoranda (ahora la UAB sí tiene programas de formación para nuevos contratados). Tuve que aprender por tanteo y error. Además, la legislación universitaria española ha cambiado varias veces en las últimas décadas, como ocurre constantemente. Lo que no ha cambiado es el proceso muy largo de obtener la titularidad (es decir, un puesto de trabajo fijo). Hasta mediados de los años 90 podía ser muy rápido en España, cuestión de obtener un doctorado y quizás haber publicado algún artículo. Pero luego todo se volvió cada vez más elaborado y exigente. Quienes estén interesados en la legalidad actual pueden consultar la Ley Orgánica del Sistema Universitario (LOSU), aprobada el 23 de marzo de 2026. No obstante, no pretendo comentar esta ley, sino describir de forma más general lo que entendemos actualmente por ‘carrera académica’.

          Una carrera académica es una trayectoria profesional desarrollada en un contexto universitario, consistente en una combinación de docencia, investigación y gestión (las operaciones necesarias para el funcionamiento del Departamento). Un académico es, en resumen, un empleado universitario, aunque somos un colectivo muy reacio a ser vistos como trabajadores asalariados. El sustantivo ‘profesor’ proviene del verbo ‘profesar’ y tal vez por ello nos vemos como una casta ‘profesional’, aparte de otros colectivos (docentes) por nuestra dedicación intensiva a nuestras actividades. Actualmente, todo tipo de docentes, desde infantil hasta secundaria, protestan en las calles españolas contra sus condiciones laborales deplorables, pero no me imagino a los profesores universitarios movilizados de la misma manera, especialmente los profesores con plaza fija (como yo) que disfrutan de la seguridad de un trabajo hasta la jubilación. Una carrera académica tiene, esencialmente, dos partes: el periodo previo a la titularidad y el periodo posterior, y es mucho más fácil imaginar a académicos aún sin titularidad protestando en la calle. Sin duda.

          Supongamos que eres un estudiante de cuarto año de grado a punto de terminar tus estudios y necesitas decidir si quieres iniciar tu carrera académica. Tu objetivo principal debe ser conseguir la plaza fija, un empleo permanente. Este puede ser de dos tipos: un contrato indefinido que no garantiza al 100% que nunca serás despedido o un puesto como funcionario que no puede cancelarse (a menos que cometas una falta muy grave). El primer tipo suele ser ofrecido por gobiernos regionales (como la Generalitat catalana) y el segundo por el Estado español, dependiendo de quién financie la plaza. Yo misma soy funcionaria pública empleada por el Estado español (aunque parte de mi sueldo viene de la Generalitat). No puedes elegir: te ofrecen lo que está disponible. En un futuro próximo es posible que haya cada vez más plazas de funcionario, por el alto coste que los contratos suponen para los gobiernos autonómicos.

          Para obtener una plaza fija debes competir con otros académicos junior, así que necesitas ser lo más competitivo posible acumulando tantos méritos de investigación y docencia como puedas en tu currículum. Las carreras académicas son muy estresantes porque, al ser la competencia abierta, nadie sabe cuánto se supone que debes hacer y todos intentan hacer tanto como pueden. La legislación determina el mínimo necesario para solicitar un contrato a largo plazo o un puesto con plaza fija, pero no el máximo. Podrías sentirte seguro de que tus méritos son suficientes para ser un profesor-investigador con plaza fija, solo para descubrir que tus rivales han hecho mucho más (¡Dios sabe cómo!).

          ¿Cuándo se empieza a competir por los puestos con plaza fija? Pues en el momento en que decides que quieres escribir una tesis doctoral. Si vas a terminar tu grado, tienes que decidir a continuación si vas a hacer un máster o no. Muchos, si no la mayoría, de los estudiantes cursan másteres deseando estar mejor cualificados para conseguir un empleo y ven el máster como el final de sus estudios. Otros realizan un máster para acceder a un programa doctoral, que en España consiste en un mínimo de tres años de estudio independiente, supervisados por un tutor, con el objetivo de redactar una tesis con la extensión de un libro. El grado incluye un trabajo o tesina final (20 páginas), en la que realizas una investigación individual bajo la supervisión de un tutor. Es entonces cuando podrías descubrir dos cosas: a) que disfrutas investigando, b) un tema interesante que te gustaría explorar más a fondo. En una situación ideal, ese tema se convierte en el de tu tesina de máster (35-50 páginas) e incluso el de tu tesis doctoral (250-300 páginas).

          Un doctorado es la cualificación más alta que puedes obtener. Aviso que muchos estudiantes de doctorado abandonan sus estudios tras dos años o más, cuando descubren que una cosa es disfrutar de la investigación y otra muy distinta escribir una larga tesis. A esto hay que añadir que, a menos que consigas una beca (algo difícil), tienes que compaginar un trabajo remunerado con tus estudios doctorales. Hasta 2008, cuando cambió la legislación, los estudiantes de doctorado podían ser empleados como docentes a tiempo completo (ese fue mi caso), pero desde entonces la mayoría trabajan como profesores asociados a tiempo parcial. Los estudiantes de doctorado suelen combinar un trabajo universitario a tiempo parcial, un segundo trabajo también a tiempo parcial y la tesis durante hasta cinco o seis años. Muy estresante, sí.

          Mientras trabajas en tu tesis doctoral, se supone que debes cumplir los requisitos del programa (en el nuestro participas en un taller anual, presentas un artículo en un congreso, intentas publicar un artículo académico) y, si es posible, ir más allá asistiendo a más congresos y publicando artículos y capítulos de libros relacionados con tu tesis. Es mucho trabajo, pero aunque podrías asumir que muy pocas personas se doctoran siempre encontrarás rivales varios compitiendo por las becas y las plazas a las que te presentas.

          Aquí es donde las cosas se complican de verdad. Antes de la LOSU (la nueva ley, ¿recuerdas?), las personas con un doctorado que querían seguir su carrera académica y conseguir una plaza fija tenían que obtener una beca postdoctoral (muy escasa en Humanidades) o una acreditación para ser contratadas como docentes a tiempo completo (con diversas denominaciones, en Cataluña son ‘lectores’). Una acreditación es un certificado que valida tus méritos, y puedes obtenerlo de una agencia nacional como ANECA o de una regional como la catalana AQU, dependiendo de la plaza a la que aspires. La primera, la acreditación básica, ha sido suprimida, lo cual es una buena noticia; hoy en día compites por los contratos de lector (4-5 años) según tu currículum. El CV es, sin duda, el elemento más importante de una carrera académica, ya que, en esencia, trabajas sin parar para añadirle méritos competitivos, casi hasta la jubilación.

          Supongamos que te conviertes en lector. En ese caso, necesitas usar tus años de contrato para añadir más méritos docentes e investigadores a tu currículum, y obtener al fin la acreditación para una plaza fija, ¡el Santo Grial! Si me has seguido, a estas alturas ya tienes una carrera académica de entre siete y doce años: doctorado (3-5 años), quizás un periodo de postdoctorado si encuentras beca (1-2 años) y una plaza de lector (4-5 años). Si obtienes la acreditación (ya sea nacional o regional), puedes solicitar la plaza fija, si es que hay puestos disponibles. Tanto en la primera fase (plaza de lector) como en la segunda (plaza fija o titularidad) puedes solicitar empleos en tu universidad o en otras, pero ten en cuenta que las universidades españolas suelen proteger a los suyos y normalmente solo ofrecen puestos cuando alguien de ‘la casa’ tiene suficientes méritos (hace poco escribí una entrada sobre este tema).

          Supongamos que consigues la plaza fija y te contratan de forma permanente, o quizás pasas a ser funcionario. A estas alturas, ya estás en la treintena. El siguiente paso consistiría en acumular más méritos para pensar en obtener una cátedra, la categoría profesional más alta en una carrera académica. Necesitas una larga lista de publicaciones, liderar grupos de investigación y proyectos, ser un buen profesor, hacer mucho trabajo de gestión, y tener contactos internacionales. Las cátedras suelen solicitarse en la franja entre los 45 (puede que algo menos) y los 55 años (puede que algo más), después de obtener otra acreditación más. La nueva legislación permite que te juzguen por tus méritos sin competir con otros candidatos para el puesto, pero en muchos casos la cátedra puede implicar competir con otros académicos. Puede pasar y pasa.

          Hasta hace unas décadas existían puestos con plaza fija que no requerían que las personas empleadas fueran doctores. Estos puestos eran para profesores que no estaban interesados en hacer investigación. Sin embargo, ese tiempo ya ha terminado, y ahora todos los profesores titulares de todas las universidades españolas son doctores, la mayoría activos en investigación. Hay quien dice que esto no es correcto. Las universidades tienen puestos para investigadores a tiempo completo, en su mayoría empleados por institutos de investigación, pero ya no cuentan con personal con plaza fija totalmente dedicado a la docencia. Se supone que debemos combinar la docencia con la investigación y la gestión, pero muy pocos profesores son buenos en estas tres ramas. Los buenos investigadores no necesariamente son buenos profesores, y viceversa; y muy pocos docentes-investigadores disfrutan de la pesada burocracia de las tareas administrativas.

          Así pues, ¿merece la pena el gran esfuerzo que implica una carrera académica? No lo sé. Personalmente estoy satisfecha, pero debo decir que solo empecé a disfrutar plenamente de mi carrera académica hace poco, después de dejar de hacer gestión y tener más tiempo para escribir libros. Los once años previos a la titularidad fueron de una muy notable ansiedad; hoy, me habrían derivado a un psicólogo para hacer terapia. Otras personas son más pragmáticas y aguerridas. Una cosa que tengo clara es que la carrera académica está diseñada para personas competitivas que pueden confiar en el apoyo de la familia, amigos y parejas muy comprensivas. Sí, quiero decir hombres… Una carrera académica siempre es mucho más difícil para una mujer, y mucho más para una madre, así que eso es algo a tener en cuenta. En todo caso, si eres una chica y tienes dudas, habla con las profesoras activas en investigación de tu Departamento que son madres para que te orienten.

          ¿Volvería a elegir el mismo camino? Sí, aunque solo sea porque no me imagino en ninguna otra profesión. Si eres un estudiantes de grado, te imaginas como profesor-investigador universitario en el futuro y quieres hablar, pídele cita a un docente en el que confíes para que te ayude. Siempre nos gusta hacerlo.