Hoy he recibido uno de esos informes en los que un par de revisores me dicen lo inútil que soy y que mi trabajo es totalmente patético porque… bueno, por tantas cosas que, de verdad, me pregunto cómo es que he llegado a publicar algo. Lo que los revisores no saben es que ya no necesito publicar más artículos en ninguna revista académica porque el Ministerio ya me ha validado cinco sexenios de investigación, y las normas de mi universidad no exigen que valide el sexto y último para mantener la reducción de mi carga docente. Solo quiero completar mi trayectoria e ir a por el sexto sexenio (en 2029), aunque quizá al final me lo salte. Ya veremos.

          En cuanto al artículo, bueno, recibí el mensaje rechazándolo a las 14:00 y treinta minutos después ya lo había archivado en el repositorio digital de mi universidad, donde estará disponible online en unas 24 horas. He añadido una nota sobre cómo citarlo y, voilà, listo para circular (y en acceso abierto…). Esa es la regla que llevo aplicando un tiempo, después de entender que un artículo rechazado rara vez se acepta en otra revista porque siempre necesita ser modificado de una forma u otra para cumplir requisitos específicos. Así que cuelgo online mis ‘descartes’ como artículos autopublicados, pobretes, y sigo adelante. Por supuesto, las cosas serían muy diferentes si tuviera que conseguir una acreditación, una beca o algo similar, pero ya he superado esa pantalla. Mi objetivo es llenar internet con mi ‘basura’ y ver qué sobrevive.

          Debo concluir que soy una académica insumisa, porque realmente no me interesan mucho los artículos que escribimos hoy en Estudios Literarios y Culturales. No soy tan irresponsable como para permitir que mis doctorandos ignoren los estándares requeridos, ya que son jóvenes y tienen que pasar por todos los pasos del juego académico. Sin embargo, estoy realmente harta del tono altivo de la mayoría de los pares revisores y de la expectativa de que todos los artículos deben ajustarse al mismo rígido molde. ¿Dónde están publicadas las normas, pregunto?

          También estoy descubriendo que muchos pares revisores son muy malos lectores. Muchos se pierden sin los puntos de apoyo que ofrece el marco teórico y no pueden identificar una tesis o una línea de argumentación ni por casualidad. También noto grandes dificultades para distinguir el comentario crítico/analítico basado en una lectura atenta del mero resumen de la trama. Mi trabajo, según entiendo, es iluminar textos (de ficción), explicando cómo están construidos a partir de cómo se entrelazan la trama, la narrativa y el contexto. Me niego a usar la teorización de otra persona en filosofía, sociología o lo que sea para fingir que así mi análisis literario suena más científico. Pero esto es lo que está de moda hoy en día, y como soy tan terca como una mula muy terca, el montón de rechazos va creciendo.

          A mí me formaron para enmarcar mi investigación dentro del trabajo realizado por los predecesores que ya habían estudiado el mismo texto, no para aportar teorización de otras disciplinas, y mis estándares como par revisor van en esa dirección. En mi revisión por pares más reciente me pidieron que evaluara un artículo sobre una novela que conozco muy bien. El artículo en cuestión leía esta novela desde un ángulo que, aunque apropiado, no aportaba nada sustancial porque la bibliografía no incluía ni un solo artículo o capítulo de libro sobre dicha novela (y hay bastantes). Me opuse firmemente a esa omisión, ya que me parece que cualquier nueva lectura de una obra debe interactuar con las que ya existen. Si no es así, cada nueva lectura tiende a repetir lo básico y a maravillarse de que la rueda sea redonda.

          Este artículo me fue reenviado para una segunda ronda de revisiones, y descubrí que la autora (intuyo que es mujer) había incluido, como solicité, dos o tres fuentes secundarias que trataban directamente sobre la novela. El problema es que lo hizo de manera muy forzada sin que realmente sirviera de nada. La copia del artículo que me enviaron ya estaba maquetada para su publicación, ya no era un manuscrito básico en Word, y sentí en ese momento que tenía poco que decir, salvo ‘tira el artículo a la basura y empieza de nuevo’. Así que, en lo que a mí respecta, mi revisión por pares no sirvió de nada y ese artículo pronto será publicado. El marco teórico, claro, era muy sólido como suelen serlo todos, pero lo que la autora decía sobre la novela era irrelevante, aunque no lo sabrá por mi informe. Por todo esto, y dado que mi opinión no cuenta, podría no volver a participar en el circo en que se ha convertido la revisión por pares.

          Permitidme explicar la diferencia crucial entre un revisor por pares y un editor. Empezaré por lo segundo. Soy coeditora de la revista académica online Hélice y he editado bastantes números monográficos en revistas académicas, libros colectivos y libros electrónicos con trabajos de estudiantes. Un editor trabaja para mejorar un texto, aplicando una actitud positiva y constructiva hacia el trabajo del autor. Como editora, mi trabajo es guiar al autor hacia el objetivo final: la publicación de un sólido escrito académico que, independientemente del punto de vista teórico elegido, ilumine un texto para beneficio de otros lectores.

          Los editores, como saben los escritores profesionales, (en su mayoría) aman a los autores y trabajan generosamente para mejorar la escritura y la argumentación, y para hacer que los textos sean presentables y, sobre todo, legibles. En cambio, a los revisores (en su mayoría) no les gustan los autores porque a) no los conocen; b) la revisión de artículos quita tiempo a otras tareas más agradables; c) una revisión ciega por pares no le da beneficio alguno al revisor. Los editores, en cambio, se enorgullecen de lo que hacen. Conocemos a los autores de nuestro ‘equipo’, nos encanta nuestra tarea y nos enorgullece publicar el resultado de nuestro esfuerzo con nuestro nombre asociado al mismo.

          Los pares revisores acechan en las sombras del anonimato. Los editores aportan luz a la difícil tarea de coordinar un número de revista o un volumen colectivo. Los revisores por pares son inquisitoriales, hipercríticos y a menudo desagradables porque eso no tiene consecuencias. Los editores, en cambio, son generosos y desinteresados porque tienen una relación que mantener con los autores, que incluso puede ser de amistad. Ser desagradable con desconocidos es fácil, ser desagradable con autores que conoces y respetas está totalmente fuera de cuestión. Por eso, cuando un revisor insistió en que mi coeditora y yo elimináramos un capítulo del último libro que he publicado, ambas nos cuadramos y mantuvimos el capítulo. El revisor no conocía de nada a nuestro/a autor/a; en cambio, nosotras llevábamos dos años trabajando estrechamente con él/ella y no íbamos a dejar que un informe anónimo estropeara nuestro trabajo conjunto.

          Para mí, intentar pasar una revisión por pares a ciegas se ha convertido en un ejercicio de puro masoquismo. Cada vez que envío un artículo a una revista, lo hago convencida de que esta vez sí lo he hecho bien y que mi trabajo será aceptado. Luego recibo los mismos informes negativos una y otra vez. Esto podría indicar que necesito cambiar mi metodología. Sin embargo, la misma metodología les ha parecido bien a las revistas que han aceptado mis artículos. Debo concluir, así pues, que el problema no reside en mi enfoque, sino en la falta de consenso entre los revisores, ya que, insisto, no existe un conjunto de reglas públicas que determinen qué hace que un artículo sea publicable. Cada revista tiene sus propias listas de preguntas para guiar a los revisores, pero, por ejemplo, esta vez me han criticada por citar brevemente a algunos autores o simplemente referenciarlos, cuando esta es una práctica habitual. Interactúas en profundidad con algunas fuentes, pero otras están ahí para proporcionar contexto, información o apoyo a un punto menor. Trabajamos por imitación, y veo a muchos otros autores usando citas en ese sentido, así que ¿por qué debería ser criticada por eso? ¿Dónde está, insisto, el reglamento?

          Cuando trabajamos en capítulos de libros, las cosas son muy diferentes porque trabajamos con un editor y sobre la base de una propuesta. El último capítulo de libro que he publicado es “The Posthuman Patriarchal Villain as Absolute Military Threat: Winston Duarte in The Expanse Novel Series”, dentro del volumen Wars We Never Fought: Armed Conflict in Speculative Fiction, editado por Matthew B. Hill y Leigha H. McReynolds (Bloomsbury, 2025. 177-193). Se trata de un artículo del que estoy muy orgullosa porque Matt, a quien no conozco en persona, hizo un gran trabajo mejorando mi primer borrador, por lo que le estoy muy agradecida. Desde el principio, Matt mostró su aprecio por mi trabajo, lo que me ayudó a ganar confianza y a ver que los cambios que propuso, principalmente para aclarar y fortalecer mi argumentación, siempre fueron constructivos. No sé si esto es cierto, pero tanto Matt como Leigha afirmaron haber disfrutado de mi capítulo, y eso me importa mucho. Todos necesitamos una palmada amistosa en la espalda para seguir adelante, no los furiosos ataques anónimos de pares revisores. Estoy desconcertada, insisto, porque escribí el capítulo que he mencionado con la misma metodología y seriedad que el artículo rechazado. Soy la misma persona, ¿por qué iba a querer escribir basura un día y un buen artículo al siguiente?

          Ya me he topado con la crítica de que es ‘más fácil’ publicar libros o capítulos de libros que artículos en revistas porque la revisión por pares es inexistente o menos exigente en los dos primeros casos. Para mí, es cuestión de perspectiva. Los libros son revisados por pares en la fase de propuesta y antes de su publicación, y encuentro que en esta segunda fase los revisores difícilmente están en posición de pedir a las editoriales que tiren a la basura un libro ya bajo contrato. Puede que haya pasado, pero no que yo sepa. Una persona que escribe un libro ha hecho un gran esfuerzo y, en mi experiencia, los revisores suelen dar luz verde con pocos cambios. Con los libros colectivos, como he señalado, el editor es el primer interesado en asegurarse de que todos los capítulos sean sólidos. Lo cierto es que no estoy muy segura de cuál es la función del editor en las revistas académicas, más allá de coordinar la revisión por pares. Cuando recibo mensajes de rechazo, el editor nunca me dice ‘estoy de acuerdo con los revisores’ o ‘a pesar de las reseñas, quiero publicar tu artículo’. Una vez, cuando recibí un informe negativo muy injusto y me quejé de su crueldad innecesaria, la editora me señaló con todo el morro que el revisor era un académico muy respetado. Ese editor estaba del lado del revisor, algo que nunca ocurrirá con un editor.

          Tengo otros tres artículos ‘circulando por ahí’, como siempre me digo, y me estoy preparando para otra tanda de rechazos. Por supuesto, nada me impedirá publicar mi trabajo online por libre, más aun viendo que internet está saturado de artículos con acceso abierto de revistas con una actitud despreocupada no solo hacia la revisión por pares sino hacia la corrección de texto básica (ya sabéis a lo que me refiero). En cuanto a escribir más artículos, ya veremos. Después de (casi) 35 años como académica, no me siento muy inclinada a someterme a tanto masoquismo, y no tengo ningún incentivo para hacerlo (más allá del sexenio…). Normalmente nos elogian por la cantidad, más que por la calidad de nuestros artículos, y aunque me han felicitado por mis libros, nadie me ha felicitado nunca por uno de mis artículos.

          Vale, basta ya de desahogarme. Tengo un libro que editar…